El Apartheid y Mandela
Nelson Mandela cumplió noventa años. Es el símbolo de la lucha contra el Apartheid en Sudáfrica. Casi treinta años de su vida los pasó en la cárcel por empujar una batalla -que hasta hoy- no deja cerradas las heridas de los sudafricanos.
El Apartheid, ese sistema de segregación racial legalizado en 1948, estableció el apartamiento o separación por razas. No era la raza blanca lejos de la negra. No. Había una (mala) suerte de jerarquización de la raza negra, ideada por los blancos, que instauraba niveles de diferenciación social por ascendencia, trabajo, educación, etc. Por tanto, los negros clasificados tenían restringidos todos los espacios que había señalado el colonizador europeo para su tranquilidad, sosiego y reproducción social y económica.
Las ‘tonalidades’ de lo negro asumían un precio de separación física dentro de la sociedad del Apartheid. Lo más doloroso y funesto tenía que ver con la restricción a hospitales y centros de educación. ¿Razones? Que estos negros separados pertenecían a otros ‘Estados’ y que su ‘ciudadanía’ estaba en el ‘aire’.
¡Eran los años ’50 del siglo pasado! Había terminado ya la Segunda Guerra Mundial. Y en lugares-colonias aún se vivía una situación de oprobio como el Apartheid. Nelson Mandela luchó contra aquello y cerró una etapa con la cárcel.
Fue condenado a cadena perpetua en 1964. (Después de muchos apresamientos “cortos”). El Apartheid se amplió. Recrudeció.
Durante tres décadas de cruentas luchas lideradas por otras generaciones, Sudáfrica vivió el infierno.
En 1990, con la liberación de Mandela, empieza una época de diálogos para la democratización del país y el fin del Apartheid.
La celebración de los noventa años de Mandela va acompañada del recuerdo de una lucha tan cercana y tan cruel. En Sudáfrica, a fines del siglo XX.