• 11 Jul 2011
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  • Revolución Juliana

    Juan J. Paz y Miño Cepeda

    Juan J. Paz y Miño Cepeda

    El 9 de julio de 1925 un golpe de Estado protagonizado por la Liga Militar derrocó al presidente Gonzalo S. Córdova (1924-1925) y lo sustituyó por una Junta de Gobierno integrada por siete miembros. Con ello se inició la Revolución Juliana, de enorme trascendencia para el país.

    Dicha Revolución se produjo ante el agotamiento del Estado Liberal, como reacción al predominio del liberalismo “plutocrático”, contra la hegemonía de los poderosos bancos privados sobre el Estado y porque buscó favorecer a los sectores medios y populares.

    La primera Junta, cuya alma fuera Luis Napoleón Dillon, impuso el interés nacional sobre los intereses empresariales privados, fiscalizó a los bancos, introdujo por primera vez el impuesto a la renta e incluso uno sobre las utilidades, creó el Ministerio de Bienestar Social y Trabajo, también la Caja de Pensiones, dictó leyes laborales y adoptó otras medidas sociales.

    La reacción oligárquica estalló y particularmente la de la plutocracia regionalista de Guayaquil, que afirmó: “el oro de la Costa se quieren llevar los serranos”. Se unieron a ella los periódicos “independientes” que se lanzaron contra la Junta. Dillon fue tildado como “enemigo” de Guayaquil. Su propuesta para crear un Banco Central fue tenida como declaratoria de guerra. Y las medidas sociales y laborales atacadas como “comunistas”.

    Después de la segunda Junta, que duró tres meses, el 1 de abril de 1926 los julianos resolvieron nombrar como Presidente a Isidro Ayora (1926-1931), quien concretó el programa reformista con el apoyo de la Misión norteamericana de Kemmerer . Entonces fueron fundados el Banco Central (1927), la Contraloría y la Superintendencia de Bancos. Además, Ayora reforzó la Caja de Pensiones, la atención en salud y las políticas sociales que transformaron al Ecuador.

    La Revolución Juliana, que a su época obtuvo un gran respaldo de las capas medias, amplios sectores populares y de trabajadores, particularmente en Quito y en Guayaquil, inauguró en la historia ecuatoriana dos políticas: la intervención económica del Estado y la institucionalización de la atención estatal a la población trabajadora. Con ello sentó las bases para superar el sistema oligárquico-terrateniente.

    Por los roles históricos que desempeñó, la Revolución Juliana merece ser recordada como un hito nacional. Y, desde una perspectiva de amplio plazo, el Ecuador del presente es un heredero de los esfuerzos julianos por transformar a la sociedad.

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