• 28 May 2013
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  • Patria y matria

    Lucrecia Maldonado

    Lucrecia Maldonado

    Alguna vez, después de haber leído la extraordinaria y muy recomendable novela histórica reciente de la gran escritora española Clara Usón, “La hija del Este”, mis dudas sobre lo que llamamos patriotismo se acrecentaron. Cuánta sangre, cuánto dolor, muertes y destrucción se han producido en nombre del patriotismo.

    Por otro  lado, si bien por un lado “Patria” lleva una raíz de amor paterno, también puede encerrar la sombra del padre: autoritarismo, legalismo, represión… y sobre todo esa idea de terminar con el “enemigo” que muchas veces es alguien exactamente igual a nosotros, con las mismas apreciaciones, sueños y dolores. Más que de padre o de paternal, el concepto de Patria se ha relacionado incontables veces con patriarcado, patriarcalismo y todas las imposiciones y procedimientos que van de la mano de una masculinidad exacerbada en la figura de un padre distante y autoritario.

    Sin ánimo de querer hacer revisiones lingüísticas, en estos días, en estos últimos años, yo al menos he sentido que se me ha devuelto mi país. Es una sensación que nunca había experimentado. Aparentemente nada ha cambiado, pero todo ha cambiado.

    Para complementar el concepto de “Patria”, podríamos nombrar como la “Matria” a  la matriz terrena que nos parió y que nos sigue pariendo día a díaEl tono del aire. Las actitudes de la gente. No digo que hayamos llegado al Nirvana, al Satori o a la perfección total, quiero decir simplemente que por fin siento pertenecer a algo sólido, a algo firme, a algo que con los inevitables tropezones y errores da pasos seguros hacia un objetivo que ya puede irse pareciendo bastante al bien común. La Patria marcial de las banderas que, sinceramente, nunca me ha atraído demasiado, ahora se va convirtiendo también en ese suelo que nos sostiene, en ese seno que nos acoge, ya no solamente la normativa del padre, sino también el regazo tierno de la madre.

    El 24 de mayo pasado, aparte de celebrar un cumpleaños tranquilo y rodeado del cariño de quienes me estiman, recibí también un regalo inestimable: el de escuchar y sentir la música de mi país interpretada con respeto, con el orgullo de lo nuestro, con la satisfacción de ser lo que somos, cantar lo que cantamos y bailar lo que bailamos.

    Con esa acogedora ternura femenina que solo nos puede ofrecer aquello que no por oposición a “Patria”, sino para complementar este concepto, podríamos nombrar como la “Matria”, la matriz terrena que nos parió y que nos sigue pariendo día a día, en un proceso no exento de los dolores propios del crecimiento.

    Matria, tierra sagrada, de ternura y valentía, que fecundó la sangre y engrandeció el dolor igual que la alegría…

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