• 31 Oct 2013
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  • ¿Es Halloween el día de las brujas?

    Antonio Quezada Pavón

    Antonio Quezada Pavón

    La palabra “Halloween” es una contracción que viene del término escocés “All Hallows’ Eve”, que significa la noche previa al día de todos los santos. Es una fiesta cristiana celebrada el 31 de octubre, la noche anterior al Día de Todos los Santos que es el 1 de noviembre.

    Inicia un triduo de rituales en los cuales se recuerda a los santos, mártires y todos los fieles creyentes que ya han fallecido y termina el 2 de noviembre. Es un típico festival que se celebró originalmente en Irlanda y Escocia y otros países anglosajones. En el siglo XIX y principios del siglo XX fue llevado por los migrantes europeos a los Estados Unidos de Norteamérica, en donde se empezó a celebrar de costa a costa y que de alguna manera quiso echar raíces también en Latinoamérica con disfraces, calabazas talladas con figuras fantasmagóricas y los niños solicitando el “trick or treat” (nos da una golosina o le hacemos un truco).

    ¿Por qué entonces está inofensiva festividad se asocia con elementos de sangre, terror y muerte? Para entender el tinte pagano que ha acabado por recubrir completamente la celebración de Halloween es necesario remontarnos a la época de los celtas, el primer pueblo prehistórico en desarrollarse al norte de los Alpes. Los celtas observaban varias festividades religiosas. El año estaba dividido en períodos de seis meses por las fiestas de Beltine (Mayo 1) y Samain (Noviembre 1).

    Parece que hay una generación de “neodruidas” que llevan a cabo prácticas de hechicería y ocultismo, propias de la antigua religión

    Ambos períodos se dividían igualmente en otras festividades menos importantes. Samain era la gran fiesta del año y también el Día de los Muertos; era además, la época más propicia para la comunicación con los espíritus, ya que la línea divisoria entre la vida y la muerte estaba más delgada. Era entonces cuando sus sacerdotes celtas llamados “druidas” encabezaban los rituales que incluían sacrificios de animales y seres humanos. En su tiempo, el festival de Samain tuvo por objeto marcar el fin del año, el fin del verano y alcanzar favores de sus deidades y de los espíritus para proteger al ganado de enfermedades y favorecer la fertilidad.

    Parece que hay una generación de “neodruidas” que llevan a cabo prácticas de hechicería y ocultismo, propias de la antigua religión. Afirman que su solo propósito es el de unificarse externamente con la naturaleza e internamente con la antigua corriente druida de sabiduría y conocimiento.

    Así, pues, son adoradores de la naturaleza y los espíritus y entre sus costumbres se cuentan la práctica habitual de la brujería, la hechicería, el espiritismo y demás ritos ocultistas, los cuales realizan en bosques. Según ellos, su intención es volver a la naturaleza, realizar encantamientos y prácticas espiritistas para saber qué hay que hacer para sanar al planeta o a la Madre Tierra. Y esta noche es la apropiada para su aquelarre.

    De cualquier manera, Halloween tiene ya un marcado rasgo mercantilista y es la temporada para el comercio de disfraces de todo tipo.

    Como dato curioso, desde 1965, la Unicef ha intentado incorporar al Halloween una colecta de dinero destinada al Fondo de la Niñez de las Naciones Unidas.

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