• 08 Mar 2013
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  • Chávez cabalga como El Cid

    Roberto Follari

    Roberto Follari

    Ha muerto uno de los hombres más vituperados, más vilipendiados, más atacados por la prensa hegemónica a nivel planetario. Se lo caricaturizó, se lo folklorizó, presentándolo como dictador o demagogo. Un hombre que citaba de memoria a autores como "Mészáros" -que muchos de sus adversarios no saben siquiera quién es-, que ganó 16 elecciones nacionales limpias, mostrando más espíritu democrático que casi todos sus "democráticos" detractores. Aquel cuyo hablar el lenguaje popular llevó a algunos a creer que era incapaz de una erudición que sólo los necios -si han conocido su biografía- podrían negar.

    Estuvo 14 años en el gobierno; lo mismo que Felipe González en España, bastante menos que Helmut Köhl en Alemania. Sin embargo, para muchos eso resultaba inaceptable, sin que en cambio cuestionaran la estancia en el gobierno de parte de sus homólogos europeos. Es que, claro, Köhl fue un conservador y González terminó dilapidando las esperanzas de cambio que el post-franquismo inicial había depositado en él; por tanto, ambos resultan simpáticos para las derechas político-mediáticas.

    Fue Chávez el primero en revertir, a nivel mundial, la monumental escalada neoliberal. Mejoró todos los índices sociales de los venezolanos: desnutrición infantil, mortalidad en nacimiento, pobreza, desempleo, indigencia. En todo ello hubo disminución notable. Llevó el bachillerato a miles de adultos, acabó con el analfabetismo en su país. Los centros de salud se instalaron hasta en la montaña y en la selva. Como ya dijimos, habló el lenguaje de los pobres. Esto, más su ser mulato, llevaron al fácil prejuicio en su contra. También la evidencia de su origen humilde, de patio de tierra y de pequeño vendedor callejero de frutas, tal cual vivió la infancia en  su natal estado de Barinas.

    Levantó la idea de unidad latinoamericana, creó el Banco del Sur, el ALBA, Telesur y Petrocaribe, colaboró centralmente en Unasur y la CELAC. Sostuvo el legado bolivariano en palabras y actos, colaboró con la Argentina comprando sus bonos en tiempos difíciles, con Nicaragua y Cuba vendiéndoles petróleo barato, al igual que con algunos países africanos. Fue un antiimperialista enjundioso y combativo. Mientras gran parte de Latinoamérica llora su ausencia, otros exhiben groseramente la alegría por su muerte. En la TV estadounidense festejan el cáncer, sin siquiera el recato mínimo del silencio a la hora en que humanamente cabe sostener una dosis de respeto.

    Seguro que sus maneras originaron oposiciones adicionales; de palabra prolífera, jacarandoso, excesivo a veces, eso lo ayudó con los más pobres, y lo alejó de las clases medias y altas, que no se reconocían en sus estilos culturales. Lo malo es que por ello no se advierta en cuánto la mayoría de los venezolanos han mejorado sus condiciones sociales y en cuánto los latinoamericanos le debemos respecto.

    Eso sí, se hacen ilusiones los que creen que sin Chávez no hay chavismo. Chávez, más grande incluso en ausencia, cabalgará como El Cid, ganando batallas tras su muerte.

    Y que nadie crea que es solo una metáfora. Perón murió en 1974; hoy, casi cuarenta años después, el peronismo sigue siendo la principal fuerza política de la Argentina. Una fuerza que ha sido contradictoria, pero que ha parido, desde el año 2003 a un gobierno que recoge las mejores interpelaciones de soberanía, antiiperialismo y mejora de los sectores populares que fueron propios del primer peronismo.

    Además, el peronismo desplazado del poder en 1955 y nuevamente en 1976, organizó en ambos casos -en el segundo ya con el líder fallecido- eficaces formas de resistencia. Que nadie se llame a engaño. Habrá chavismo post-Chávez (es casi seguro que ganará las próximas elecciones presidenciales), y en todo caso es responsabilidad de sus líderes mantener y profundizar esa capacidad social de transformación que el líder recién fallecido sostuviera con ahínco.

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