Tomada de la edición impresa del 29 de abril del 2008

Sucumbíos, ¡infortunada provincia!

PADRE PEDRO PIERRE

ppierre@telegrafo.com.ec

¡Triste realidad para los ecuatorianos que nos creemos cristianos y nos llamamos civilizados!


Repitámoslo una vez más: las cinco nacionalidades indígenas de la provincia de Sucumbíos están en vía de exterminio por la voracidad lucrativa de la civilización occidental y cristiana. Si permanecemos indiferentes y pasivos, nos volvemos cómplice de esta eliminación.

La historia de las nacionalidades amazónicas es a la vez muy antigua y muy reciente. Es muy antigua porque estos Pueblos provienen de civilizaciones varias veces milenarias. Es muy reciente también esta historia, por las fiebres –o sea, las enfermedades, para no decir las maldiciones– del petróleo, que comenzó a propagarse desde 1967, y las que se nos anuncia: la minería a gran escala y la producción de bio-combustible.

Los 500 últimos años son los de una historia contra los Pueblos indígenas de la provincia de Sucumbíos. Ya en 1599, se cuenta que los Jesuitas habían comenzado a recorrer esta región a partir del año 1599, con fortuna diversa. La suerte de ellos era que podían adentrarse en la selva y escapar las distintas dominaciones militares y religiosas.

En el siglo 19 hasta casi terminar el siglo 20, la explotación de los Indígenas amazónicos se hacía mediante la esclavitud de los grandes negociantes del caucho, que lo vendían a Brasil desde Iquitos, vía Manaos, gracias al río Amazonas.
En el año 1916, se firmó el “Tratado de Muñoz Vernaza Suárez”, el nombre del canciller ecuatoriano que ratificó dicho acuerdo con su par colombiano. Este Tratado fijaba la frontera nororiente del Ecuador en los ríos San Miguel y Putumayo. Pero en la realidad, ni Colombia ni Ecuador se preocupaban de la Amazonía.

Hasta el año 1924, era la diócesis de Ipiales, con los Capuchinos, que se preocupaba ‘misionalmente’ de estos territorios que iban hasta el río Aguarico. Ese año, oficialmente, la Iglesia colombiana del Caquetá entregó la zona nororiente de la Amazonía al arzobispo de Quito, que la confía al cuidado del obispo de Ibarra. Este da a los Carmelitas la administración de lo que corresponde hoy a la provincia de Sucumbíos y Orellana.

Unos decenios después aparece la fiebre del petróleo. En 1967 sale el ‘oro negro’ del primer pozo llamado Lago Agrio. En 40 años se extraerán 10 millones de barriles de petróleo de la región… Y Sucumbíos, con Esmeraldas donde está la mayor refinería del Ecuador, son las provincias más pobres del país. ¡Qué contradicción! ¡La mayor pobreza en medio de la mayor riqueza!

En el año 1999, el Plan Colombia, impuesto por el gobierno de Estados Unidos con el pretexto de luchar contra el tráfico de droga y el supuesto terrorismo de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas), complica más todavía la situación de la población de dicho ‘cordón fronterizo’. Se nos quiere involucrar en una guerra ajena, como acaba de confirmarlo el bombardeo colombiano de marzo pasado.

Ahora nos vienen las minerías y el bio-combustible, que se anuncian como las plagas de Egipto. ¡Sucumbíos, mágica provincia! ¿Cuándo y para quiénes?

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