¿Tropezón o extravío?
Erika Sylva Charvet
Columnista
erika.sylva@telegrafo.com.ec
No coincido con Alejandro Moreano en que el acercamiento político de las dirigencias de la Conaie y la Junta Cívica de Guayaquil (JCG) es un “tropezón” de la organización indígena. Esa mirada complaciente se halla detenida en su pasado heroico, cuando a través de sus Mandatos por la Vida, levantamientos y marchas de los 90, los indios le proporcionaron al país una vía de resistencia al neoliberalismo articulada a la lucha anticolonial, así como un horizonte estratégico con su propuesta de un Estado Plurinacional, una formación política incluyente de la diversidad del Ecuador.
Pero, al parecer, el proyecto nacional que la Conaie encarnó en los 90 es cosa del pasado si nos atenemos a las Resoluciones de su Asamblea Extraordinaria del 25-26 de febrero/2010. Partiendo de una caracterización errada del Gobierno de Correa como pro-colonial y neoliberal, la organización indígena le declara la guerra al proyecto de reforma y construcción del Estado propuesto en el proceso constituyente, al rechazar y desconocer a los organismos, leyes y autoridades emanadas de éste. En su actual visión localista y particularista, el Estado Plurinacional constituiría una entidad de los indios y para los indios, cerrada al resto de componentes sociales, étnicos y culturales del Ecuador; una entidad que, en palabras del Vicepresidente de la Conaie, tome decisiones “por fuera del Ejecutivo y del Legislativo”. ¿Puede una propuesta semejante constituir el recipiente político de una Nación Plurinacional, un Nosotros diverso, una nueva ecuatorianidad intercultural? Es evidente que no.
“Se evidencia un extravío de los
principios ético-políticos que inspiraron a los indígenas…”
Presumo que es, precisamente, esta conciencia étnica huérfana de conciencia nacional lo que habría facilitado el acercamiento político de la Conaie con la extrema derecha, caracterizada históricamente por su regionalismo vacío de patria. ¿Cómo puede llamarse a esto “tropezón”? Más bien, evidencia un extravío de los principios ético-políticos que inspiraron al movimiento indígena de los 90, restándole legitimidad y capacidad de convocatoria a su actual agenda. Porque, además de este vacío de idea nacional, las conversaciones con la JCG evidencian una débil conciencia democrática de la organización indígena, por cierto, también manifiesta en otras coyunturas. Es evidente que la derecha está embarcada en una conspiración y no es sino un golpe de Estado contra el Gobierno de Correa lo que buscaría con el “pacto” para conformar “un bloque único de oposición” para “combatir a nuestro enemigo común”. Lo preocupante del asunto es que este “pacto” fue buscado por la propia dirigencia indígena. ¿Qué es lo que busca? ¿Un retorno de la derecha? ¿Una vuelta al país inviable de hace cuatro años?
El giro político de la Conaie es grave no solo porque le fractura como organización y pone en causa la existencia del movimiento indígena, sino porque debilita el propio proceso constituyente que antes apoyó, y que para materializarse hoy, necesita del desarrollo simultáneo de la organización popular-étnica y su movilización para avanzar hacia el tan añorado cambio de modelo de desarrollo y de Estado.