Tomada de la edición impresa del 08 de marzo del 2010

El “problema” indígena

 
Los acuerdos y las resoluciones definidas en la Asamblea Extraordinaria de la Confederación de Nacionales Indígenas realizada en Ambato los días 26 y 27 de febrero, han causado -como era de esperarse- muchos y diversos comentarios en los medios de comunicación del país. Me llama la atención que algunos articulistas -también de este medio- miren con preocupación la postura asumida por la Conaie frente al Gobierno “nacional”. Creen ver en estos acuerdos y resoluciones un alejamiento de los proyectos que animaban a este movimiento en años gloriosos del primer levantamiento e incluso un distanciamiento de la política plural e inclusiva de su programática inicial, distanciamiento que los ha llevado a una situación equívoca, guerrerista y excluyente. En resumen, los analistas suponen que los indígenas han extraviado el norte (o quizás el sur).

“Me llama la atención
que algunos articulistas
miren con inquietud
la postura asumida por la Conaie…”


Quiero arriesgar algunas ideas, no tanto en torno a los acuerdos y las resoluciones, sino más bien respecto a las preocupaciones expresadas en los medios por algunos analistas.

Lo primero que deberíamos hacer, me parece, es situar históricamente los acuerdos y las resoluciones, así como la posición que va tomando el movimiento indígena en el país y no atribuir todo aquello a protervos intereses de una descaminada y malintencionada dirigencia indígena. Si aceptásemos -de lo cual no estoy tan seguro- que la Conaie ha extraviado el camino y ha girado hacia un discurso etnicista y excluyente, habría que ubicar esta situación bastante triste y problemática en un determinado momento político donde la correlación de fuerzas -para utilizar una expresión clásica- ha provocado tamaña falta; o suponer, por lo menos, que son esas condiciones políticas las que han llevado al movimiento indígena a asumir una postura que ofende al buen criterio de la intelectualidad blanco mestiza.

Empero, me parece que el “problema” indígena tiene más aristas y profundidad. Y no me refiero a las determinaciones políticas de la actual coyuntura -distintos modelos de desarrollo, reformulación de los lugares de poder-, sino a la incapacidad que tenemos -como sociedad- de entender y acoplar lo heterogéneo.

Me aventuro a pensar que en los acuerdos, las resoluciones y, también por supuesto, en nuestra incapacidad de comprenderlos se manifiestan las fracturas que no nos permiten pensar -menos ejecutar- las tan mentadas  plurinacionalidad y multietnicidad. Que el punto 13  (Rechazamos y desconocemos el proceso de institucionalidad del Estado impuesta desde el Gobierno a través de la SENPLADES, sin la consulta y participación de los pueblos y nacionalidades indígenas y de otros sectores sociales) se torne incomprensible, erróneo e inaceptable, únicamente muestra cuán distantes estamos, nosotros también, de explorar nuevas formas de politicidad, y cuán atrapados en ciertos paradigmas explicativos se hallan nuestras elucubraciones. Con los acuerdos y las resoluciones de esta Asamblea Extraordinaria se transparentan -nuevamente- los verdaderos abismos de la política en este pequeño país.

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