Tomada de la edición impresa del 10 de febrero del 2010

El otro Haití (1)

Jorge Núñez Sánchez

jorge.nunez@telegrafo.com.ec

 
Después de varios siglos de colonialismo y neocolonialismo, que arrasaron con los bosques haitianos para plantar caña de azúcar y café, ahora Haití es víctima del “colonialismo humanitario”, método por el cual las grandes potencias occidentales han ocupado el país, arruinado su capacidad de producción alimenticia, desmembrado el Estado haitiano y confiado el manejo del país a las famosas ONG.

Para justificar ese nuevo modelo colonialista, una acción clave es la difusión de noticias e imágenes que muestran un país famélico, deforestado y miserable, es decir, un país inútil y mendigo, incapaz de manejarse a sí mismo. Y coadyuvando a eso están la prensa y la televisión amarillistas del mundo entero, que han caído como buitres sobre la tragedia, en busca de imágenes escandalosas que impacten a una audiencia ansiosa de carroña televisiva. 

A ninguno de esos periodistas se le ha ocurrido pensar que, detrás de las imágenes de la miseria y el terremoto, hay otro Haití, digno y profundo, que lucha contra la pobreza interior y la explotación externa. Ese otro Haití está constituido por políticos serios, intelectuales combativos y artistas maravillosos, que desde hace décadas han puesto su empeño en rescatar a su país de las garras del pasado, para insuflarlo de dignidad nacional y llevarlo hacia un horizonte de orden, justicia y progreso.

Recuerdo en este momento los nombres de Gerard-Pierre Charles y Suzy Castor, notables intelectuales y defensores de los derechos humanos. Exiliados en México por 25 años, fundaron en la UNAM el Centro de Estudios del Caribe y la revista “El Caribe Contemporáneo”, a la vez que escribían libros famosos, ganaban premios y combatían a la dictadura de Duvalier. Volvieron a Haití a la caída de Baby Doc e impulsaron el frente político que llevó al poder a Aristide. Pero éste se torció y ellos denunciaron la corrupción y tiranía de su gobierno, lo que les valió nuevas persecuciones. Gerard fue candidato al Premio Nobel de la Paz y murió en 2004. Suzy sigue en combate y ha recibido un Doctorado Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Santo Domingo y el Premio Juan María Bandrés, por su defensa de los refugiados y la democracia.

Recuerdo también a la notable actriz, escritora y cantante Martha Jean Claude, máxima exponente de la canción haitiana, quien dio fama a la cultura musical de su país. Vivió en Venezuela y Cuba, cantó a dúo con Bola de Nieve y Celia Cruz, y dio numerosos conciertos en Haití, Cuba, Francia, Estados Unidos, Ecuador y otros países. Sobre su vida se hizo el documental “Mujer de dos islas”. Martha murió en 2001, en Cuba.

Y no puedo olvidar a otros nombres famosos de la cultura musical haitiana. A la cantante Emmeline Michel, de prestigio internacional. Al talentoso músico Michel Martelly (Sweet Micky), que recuperó y dinamizó los ritmos populares haitianos y conquistó fama internacional con su disco I Don’t Care.  Y al joven músico y cantante Wyclef Jean, promotor del desarrollo sostenible y defensor de los refugiados haitianos en EE.UU., uno de cuyos álbumes, The Score, ha vendido más de 18 millones de copias desde 1996.

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