Haití según Pat Robertson
Santiago Cabrera Hanna
Magíster en Estudios de la Cultura, columnista invitado.
Ya no sorprende la perorata de ciertos sectores de la derecha norteamericana aupada por algunos líderes protestantes quienes, en medio de la devastación que sacude a Haití, no vacilan en culpar a sus propios habitantes de la catástrofe que ahora mismo sufren. El televangelista Pat Robertson, teólogo de la guerra infinita, magnate de la comunicación de masas y predicador de los fuegos del infierno antes que de la piedad de Cristo, no ha dudado en señalar que la causa del demoledor terremoto que segó la vida de más de sesenta mil personas, es consecuencia del castigo divino propinado a un “pueblo que pactó su independencia con el diablo” ya que “no debió nunca independizarse de Francia”. ¿Qué otra cosa se puede esperar de quien hace pocos años suplicó en una entrevista en vivo, transmitida de Nueva York hasta Californa, que las fuerzas de inteligencia estadounidenses se apresurasen a secuestrar y asesinar a Hugo Chávez, en aras de la paz mundial?
Las palabras de Robertson no son ni un lapsus o un exabrupto momentáneo de un acaudalado empresario de los mass media que en su propia cadena televisiva pulveriza la solidaridad cristiana y dice impunemente lo que le da la gana. Las palabras del septuagenario evangelista reflejan, por el contrario, el pensamiento que moviliza la conciencia y acciones de muchos de los dirigentes políticos estadounidenses y de gran parte de sus ciudadanos, convencidos por los predicadores del odio, de que su país blande la espada de arcángel Miguel sobre el resto del mundo por decisión divina.
“Flaco favor les hacen los protestantes de hoy a los
reformadores del siglo XVI y a los pobres apóstoles…”
¿Se han movilizado los sectores evangélicos norteamericanos en una campaña de solidaridad con los damnificados de un país que, desde hace casi doscientos años, paga con creces el precio de haber sido la primera república negra? ¿Cuántos litros de agua, pintas de sangre, médicos o cargamentos de grano han enviado los así llamados “ministerios evangélicos” de los EE. UU. (dueños de televisoras, radios y satélites) hasta la isla donde las potencias mundiales han montado el más siniestro laboratorio de racismo y violencia que conoce la historia humana?
La piedad cristiana, la moral protestante enarbolada un día por Martín Lutero como herramienta de denuncia de los excesos del catolicismo y sus opulentos Papas, ¿sirve ahora para justificar la miseria y la muerte?
Flaco favor les hacen los protestantes de hoy en día a los reformadores del siglo XVI, a los pobres apóstoles masacrados durante el primer siglo o a quienes entienden el cristianismo como una lucha por devolver la dignidad a quienes les ha sido despojada.
Para vergüenza de quienes encuentran en la Biblia un Jesucristo vestido de camuflaje y armado hasta los dientes; para escarnio de aquellos que conciben el cristianismo como pretexto para la guerra; para colmo del protestantismo idiota que profesan Robertson y sus amigos, y para celebración de la dignidad humana, los primeros médicos en tocar Puerto Príncipe luego del sismo fueron cubanos y las primeras vituallas llegaron de Caracas. O sea: la solidaridad, una vez más, no vino de arriba… vino de al lado.