Tomada de la edición impresa del 28 de septiembre del 2009

Habermas y los conflictos sociales

 
En junio pasado se conmemoraron los ochenta años del nacimiento del filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas. En su extensa y diversa obra hay quizá un tema principal que lo ha convertido ya en un clásico de la teoría crítica, ese tema es la reformulación de la teoría weberiana de la acción con la introducción de lo que él llama racionalidad comunicativa.

La tesis de que es constitutivo al lenguaje humano la necesidad de producir acuerdos -consensos-, le permitió a Habermas reformular el proyecto de emancipación humana y posicionar a la política deliberativa moderna como el lugar desde donde se gesta esa emancipación. Habermas afirma que en los parlamentos modernos se discuten racionalmente los problemas del ordenamiento social y, como toda discusión racional, se tiende a formar consensos argumentales, en ellos se produce emancipación humana.

La propuesta de Habermas no presenta fisuras teóricas. Empero, cuando aquello que en la teoría se muestra de modo sólido es utilizado para leer la realidad social, esta última la contradice reiteradamente. En la “Realpolitik” la búsqueda de consensos, que sí supone la racionalidad parlamentaria, tiene muchas dificultades de realizarse por la interferencia que en ella provoca los intereses por el poder político o los intereses por la acumulación económica. Y a pesar de que el mismo Habermas diagnosticó ese fenómeno, bajo la sugerente “colonización del mundo de vida y de la esfera política deliberativa”, cada vez queda más claro que su proyecto termina siendo un ideal normativo abstracto. Tan poderoso teóricamente, pero poco operativo como el imperativo categórico de la ética kantiana.

“El objetivo no puede ser reprimir a toda costa la
movilidad social, sino saber leerla
y conducirla...”


La dificultad principal parece encontrarse en que Habermas, queriendo liberar a la teoría critica de sus aporías instrumentales y al marxismo de sus limitaciones economicistas, terminó tirando al niño con el agua. Si bien es correcto privilegiar las relaciones sociales de producción y ampliarlas como relaciones sociales de comunicación para reintroducir la racionalidad emancipatoria, fue absolutamente incorrecto abandonar el motor propio de la dinámica social: los conflictos y luchas sociales.

Algo similar está ocurriendo con la política de nuestro Gobierno. Empeñado en la búsqueda de emancipación social, el Gobierno está suponiendo que ésta solo brotará de la racionalidad argumental de sus tecnócratas y de los que quieran opinar y dialogar en los términos que el mismo Gobierno propone. Sin embargo, la emancipación social se gesta y se despliega en los conflictos y las luchas sociales, se normativiza por supuesto en los espacios parlamentarios. El objetivo no puede ser reprimir a toda costa la movilidad social, sino saber leerla y conducirla adecuadamente.

Los discípulos de Habermas han hecho intentos importantes por reintroducir el conflicto social al interior de su teoría para volverla operativa, porque entendieron correctamente que solo sobre el conflicto y la lucha social es posible la emancipación. Esperemos que también lo comprendan los “teóricos” del Gobierno de la Revolución Ciudadana.

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