La tecnología robótica ha adelantado vertiginosamente. Hoy se tiene la capacidad de crear robots autónomos y se prevé que en el 2030 se producirá una revolución en esta tecnología que abarca la mecánica, la computación y la inteligencia artificial. La inclusión de sistemas robóticos en los organismos vivos para mejorar, reemplazar o sustituir funciones, se llama biónica. Tanto robots como sistemas biónicos representan, de alguna manera, el desarrollo tecnológico de la humanidad.
Los logros de la biónica y la robótica demandan de la genética similares resultados. Los genetistas buscan genes de resistencia, de masa corporal mayor, de inteligencia suprema, en suma, genes de superhombres.
Igual que la manipulación genética o la clonación de individuos despiertan polémicas legales, el desarrollo de robots y organismos biónicos plantea problemas jurídicos, como otrora los enfrentaron los embriones congelados y los organismos clonados. ¿A quién pertenece el embrión donado a un banco de embriones? ¿Es parte de los bienes muebles o inmuebles? ¿Se lo pone en el inventario de la institución? ¿Se lo puede desechar o no, y cuándo?
Los nuevos “seres” deberán tener un estatus legal. Un robot o un biónico, presumimos que deben actuar de forma controlada y hasta perfecta, pero, ¿qué pasaría si un robot o un brazo biónico se descontrolaran?
¿Si un robot autónomo armado disparara contra las personas, como ya ocurrió en Sudáfrica? ¿Cuál será el estatus legal de esta máquina? ¿Quién será el responsable legal y qué castigo deberá recibir? ¿Acaso su creador, el diseñador o el fabricante? La tecnología actual no ha logrado crear robots suficientemente inteligentes para tomar decisiones éticas, ni sentir, ni arrepentirse; por lo tanto, estaríamos hablando de “máquinas sicópatas”, como ya han sido calificadas. Para estos nuevos seres existen diseños matemáticos (algoritmos) que harían perfectibles sus funciones; las máquinas podrán aprender de sus errores y experiencias. ¿Será su estado legal similar al de cualquier persona?
Frente a estas demandas socio-tecnológicas, deberá existir una nueva estructura legal. Isaac Asimov postuló los mandatos del robot: 1) No deben dañar a un ser humano, ni por inacción, permitir que un humano sufra daño; 2) Deben obedecer las órdenes impartidas por los humanos, excepto cuando estén reñidas con la primera ley; y, 3) Deben proteger su propia existencia, mientras ésta no esté reñida con la ley 1 ó 2.
La modernidad nos enfrenta a cuestiones éticas y legales interesantes. El desarrollo de la robótica, la biónica y las nanotecnologías en el Ecuador son incipientes, colocándonos en desventaja frente a otros países, que convivirán con “máquinas inteligentes”. Nuestros sistemas legales han demostrado una velocidad abrumadora al momento de dictar leyes, siempre prohibitivas o limitantes, sobre cuestiones que los ecuatorianos ni siquiera manejamos. Es de esperar que frente a los nuevos desafíos de la robótica y la biónica, las leyes, esta vez sí contemplen, junto a los aspectos éticos, la promoción y el desarrollo de estos avances que mejorarían la calidad de vida de los seres humanos.