Tomada de la edición impresa del 03 de julio del 2009

¿Banana republic?

MELANIA MORA
Columnista
melania.mora@telegrafo.com.ec


El 28 de junio, América y el mundo despertaron con la ingrata noticia de que en Honduras un golpe militar depuso al presidente Manuel Zelaya Rosales, democráticamente electo en el 2005. Luego de secuestrarlo, lo llevaron a un destino para él desconocido, que resultó ser la vecina Costa Rica.

Una reacción de incredulidad fue la primera. Resultaba inconcebible que en el siglo XXI retorne el fantasma de las conspiraciones militares interrumpiendo la vida institucional. La condena a las dictaduras de las décadas de los ‘60 y ’70 del siglo pasado; la imposición de duras condenas a los causantes de la quiebra del orden constitucional, a más de la repulsa de los pueblos, hacía aparecer como imposibles reediciones de los atropellos cometidos por dictaduras, cuyo epitafio correspondería al título de la obra de Ernesto Sábato, “NUNCA MÁS”.

Al repasar la historia de Honduras, encontramos que, desgraciadamente, las clases dominantes han tenido como sus aliados permanentes a los militares, lo que permitió, durante el siglo anterior, numerosas dictaduras. La condición de exportador de banano, oligopolizado por transnacionales norteamericanas como la Standard Fruit, la Cuyamel y la “mamita Yunai”, explica muchos de los acontecimientos vividos, incluyendo la invasión de marines norteamericanos que acudieron a resguardar los intereses de las bananeras.

“Un artero golpe que en esta ocasión ha tropezado con el repudio internacional”

Desde el general Carrás, que desató una brutal represión, hasta el coronel Oswaldo López Arellano, derrocado por el coronel Juan Melgar y éste por un triunvirato presidido por el coronel Policarpo Paz García, podemos señalar como excepcionales los pocos momentos de vida democrática en el país de Morazán y Cecilio del Valle.

Con el triunfo de la Revolución Sandinista en Nicaragua, los intereses norteamericanos convirtieron a Honduras en cabeza de playa contra ese proceso, como antes lo fuera en forma activa contra Cuba. Sin embargo, una etapa de gobiernos civiles –de derecha- que se impuso las políticas neoliberales, a pesar de que profundizaron la pobreza de su población, transcurrió con relevos presidenciales aparentemente democráticos. Atrapados por las medidas de aquellas políticas, los gobiernos fueron impotentes para atender las necesidades de un pueblo que debió llorar a 10 mil muertos por el huracán Mitch.

Cuando asumió el poder Manuel Zelaya, en un primer momento siguió la pauta de los anteriores y, luego, golpeado por la dura realidad de su pueblo, intentó buscar nuevos caminos, alineándose con las fuerzas progresistas que en América Latina protagonizan un “cambio de época”. Así lo sorprende el artero golpe que en esta ocasión ha tropezado con el repudio internacional. En increíble actitud, si consideramos el pasado, la ONU, la OEA, SICA, MERCOSUR, el Grupo de Río y ALBA -Ecuador incluido-, rechazan con firmeza la dictadura y resuelven no reconocer a la autoridad espuria impuesta por las más oscuras fuerzas de ese sufrido país.

Es un momento decisivo en que  dichos organismos, el Gobierno norteamericano y los demás, deben demostrar, con hechos, que la etapa de las “banana republic” terminó para siempre.

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