Tomada de la edición impresa del 02 de julio del 2009

Una verdad que no parece verdad

Rodolfo Bueno
Matemático, columnista invitado


La única verdad, si la hubiera, es la divina, que nadie conoce ni conocerá jamás. Luego, independientemente de quien lo diga, siempre se puede dudar de la verdad humana.  Y no porque el hombre sea mentiroso por naturaleza propia sino porque el pensamiento humano es incongruente y paradójico. Una paradoja es una declaración en apariencia verdadera que conlleva una contradicción lógica y nos lleva a una deducción contraria al sentido común. Epiménides, filósofo griego presocrático, afirmó que todos los cretenses son mentirosos.  Como él mismo era cretense, ¿decía o no la verdad? Sucede que si decía la verdad y los cretenses eran mentirosos, entonces él mentía, pues era cretense; y si él mentía y los cretenses no mentían, como él era cretense, lo que decía era cierto y no mentía. El barbero de Creta, según  estipulaba la ley, debía preguntarle a todos los cretenses si ellos se hacían la barba.  Si le contestaban que no, debía afeitar al infractor. ¿Rompía él mismo la ley?  Sucede que si él se hacía la barba, rompía la ley por hacerle la barba a quien se la hacía y si no se la hacía, también la rompía por no hacérsela a quien no se la hacía.

En un país habitado por negros y blancos, los primeros sólo dicen la verdad y los segundos sólo mienten. Pasa una canoa y alguien no distingue el color del canoero y le pregunta: ¿Es usted negro o blanco?  La respuesta se la lleva el viento. ¿De qué color dijo ser?, pregunta a dos canoeros que iban detrás. Dijo que es blanco, responde el blanco; dijo que es negro, responde el negro. Sin importar la verdad, los canoeros siempre responderán de igual manera. 

La idea de que hay un Dios omnipotente, amoroso y bueno es de por sí contradictoria.  Porque si le pide algo que sin lugar a duda es bueno, y no lo puede hacer, no es omnipotente, si lo puede hacer y no lo hace, no nos ama ni es amoroso,  y si lo quiere hacer pero no le da la gana de hacerlo, es caprichoso, se burla de nosotros y no es bueno; por lo tanto, Él debería concedernos todos nuestros buenos deseos.  

Aquiles decide competir contra una tortuga. Como corre más rápido que ella, y está seguro de sus posibilidades, le da una ventaja inicial. Luego de la partida, Aquiles recorre en poco tiempo la distancia que inicialmente los separaba, pero al llegar allí descubre que la tortuga ha avanzado un pequeño trecho.  Sin desanimarse sigue corriendo, pero al llegar de nuevo adonde estaba la tortuga, ésta ha avanzado un poco más.  Así, de este modo, Aquiles no ganará la carrera, ya que la tortuga estará siempre delante de él; lo que es una evidente mentira.

Si disparamos una flecha, en cada instante la misma debe hallarse en una posición específica, pues no puede estar al mismo tiempo en dos lugares diferentes.  Ahora bien, en el transcurso del tiempo la flecha por igual motivo seguirá en estado de reposo.  Así, de esta manera, la flecha no se moverá nunca y todo movimiento es imposible; lo que evidentemente es falso.

Por lo visto, el pensamiento humano es tramposo por sí mismo y si no se puede confiar en lo que se dice pensando, peor en lo que se dice sin pensar. 

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