El sentido de la palabra ‘mito’ es muy amplio y rico, pero me acogeré al otro, más inexacto y más difundido, de que es una creencia errónea o no comprobada.
Mito: La libertad de expresión es poder decir lo que se quiera y como se quiera. Eso, ni en la casa de cada uno. Hemos vivido un tiempo en que, amparándose en este concepto, se ha llegado a confundir grosería con firmeza, mala leche con frontalidad y amargura mordaz con inteligencia.
Verdad: La existencia de medios supuestamente ‘independientes’ y el ‘dejar hacer, dejar pasar’ ante ellos no garantiza libertad de expresión. En los mismos medios existen condicionamientos a la libertad de expresión de sus empleados. Existen enormes sectores de población que no tienen acceso a expresar nada en ningún tipo de medio ni público ni privado.
Mito: “Los Simpsons” corrompe. Cada vez que alguien critica a la serie de dibujos animados “Los Simpsons” es un cristiano fundamentalista (católico o protestante), un antinorteamericano patológico, o alguien que no ha visto un solo episodio de la serie porque ‘le han dicho’ que ‘no enseña valores’.
“Ciertas regulaciones en lo que la gente mira por TV son más del ámbito personal que público...”
Seriales como “Los Simpsons” tienen un tono de irreverencia y hacen alusiones explícitas a ciertos temas que quizá no puedan ser procesados por una mente infantil. Pero censurar “Los Simpsons” por la irreverencia es demostrar que -como aquel personaje de “El nombre de la Rosa” que se convierte en un asesino en serie- se teme a la alegría y a la risa.
Verdad: ciertas regulaciones en lo que la gente mira por TV son más del ámbito personal que público. Si bien es importante regular las franjas en que ciertos programas se pasan, e incluso suprimir la emisión por televisión abierta de ciertas series o películas que a lo único que le aportan es al morbo y la perversidad, en el caso de series como la mencionada, la disposición suena más a venganza que a otra cosa.
Mito: Todo esoterismo es malo. Esta opinión la comparten tanto quienes se encuentran a cargo de las regulaciones del Conartel como quienes producen un programa de reportajes para desmitificar temas esotéricos en el canal más ‘afectado’ por este problema. Todo es charlatanería o ingenuidad. Se mete en el mismo cesto a Jung, el ufólogo Jaime Rodríguez, la mecánica cuántica y la gente que lee el Tarot por celular. Todos descalificados.
Verdad: Existe gente que se aprovecha del miedo humano para medrar vendiendo soluciones mágicas (casi siempre falsas) o utilizando supuestos poderes que más temprano que tarde se convierten en trampas para ingenuos, pero también existen fenómenos y circunstancias que la ciencia actual aún no puede explicar. Y lo de la charlatanería no es patrimonio exclusivo de cierto esoterismo…
En todo caso, la más contundente verdad es que en este conflicto se ve mala voluntad de parte y parte. Pero más allá de lo coyuntural, sería bueno que por fin el debate sobre los medios cayera en manos de gente bienintencionada e íntegra que supiera que las verdaderas soluciones van más allá de una censura más cercana al resentimiento personal que a la búsqueda del bien común.