Ha llegado a mis manos el borrador del proyecto de nueva Ley Orgánica de Educación Superior (LOES) del CONESUP, resultado de cinco mesas universitarias regionales y un taller nacional, desarrollados en varias provincias a lo largo de siete meses.
Tengo la impresión de que ha sido construido de espaldas a la historia actual del país. Específicamente, me refiero a la ausencia de una real perspectiva de género, uno de los aspectos de vanguardia de la Nueva Constitución.
En el 2001, Silvia Vega publicó el estudio “La preeminencia masculina en la organización de la investigación científica en el Ecuador”, en el que evidenciaba “las reglas masculinas que estructuran la investigación científica” y que “se reproducen mediante mecanismos institucionalizados” en las universidades ecuatorianas.
Así, a pesar del incremento en la matrícula femenina, para ese entonces se registraba un escaso número de docentes mujeres y un número menor de profesoras con nombramiento en cuatro universidades estudiadas. Como consecuencia, los niveles de autoridad estaban copados por hombres, lo que arrojaba una estructura de poder masculinizada. Más aún, los institutos de investigación constituían una suerte de “ghettos” masculinos, integrados mediante mecanismos clientelares, lo que no solo impedía el acceso de las mujeres, sino que los convertía en “un obstáculo para la transformación de las instituciones científicas”. Empero, para revolucionar ese entorno patriarcal, no bastaba, según Silvia, con “agregar” mujeres “dejando intocadas las estructuras, prácticas y culturas institucionales” de las universidades.
“Hay una invisibilización de las mujeres: el discurso está construido en masculino”.
Lamentablemente, eso es precisamente lo que plantea el actual proyecto de LOES del CONESUP.
En efecto, en primer lugar, hay una invisibilización de las mujeres: el discurso está construido en masculino (“el rector”, “los docentes”) como para que no quede duda que esta preeminencia debe ratificarse. En segundo lugar, aun cuando se plantea la “participación equitativa de las mujeres en todos sus niveles e instancias”, en la conformación de las estructuras de poder y representación -Asambleas Universitaria y de la Educación Técnica y Tecnológica, CONESUP, CONEA y gobierno universitario- hay un silencio total con relación a la paridad de género que hoy debe registrar todo organismo público de acuerdo a la Nueva Constitución.
Recordemos que el Art. 65 establece: “El Estado promoverá la representación paritaria de mujeres y hombres en los cargos de nominación o designación de la función pública, en sus instancias de dirección y decisión… (y) adoptará medidas de acción afirmativa para garantizar la participación de los actores discriminados”.
Es decir, mientras la Constitución se orienta a construir una nueva institucionalidad incluyente y equitativa, el proyecto de la LOES del CONESUP jala hacia el viejo país excluyente y machista.
Con esas visiones, la universidad ecuatoriana seguirá anquilosada e impedida de acceder al siglo XXI.