Tomada de la edición impresa del 06 de abril del 2009

¿Biografías virtuales?

 
Hace poco la Defensora del Lector de El País de España publicó varias cartas de sus lectores con el pedido de eliminar el rastro de su participación en la edición digital del medio. Los afectados argumentaron que muchas de estas noticias podrían afectar su imagen pública, puesto que gran parte de esta información ha perdido vigencia o simplemente es inexacta o incompleta. Como el caso de un cirujano cuya búsqueda en Google tiene como resultado una imputación por negligencia a causa de un error médico que fue resuelto tiempo atrás, pero cuya referencia, seguramente no es tan fácil de localizar. Con consentimiento o no, los usuarios siguen constando en los registros de buscadores de Internet por largo tiempo.


Y es que la palabra “googlear” goza de gran popularidad entre nosotros. Entiéndase el término como la acción de “buscar o indagar”, claro que remitido ahora únicamente al escenario virtual. Si no, haga usted mismo la prueba. Ingrese cualquier palabra en la barra del motor de búsqueda, incluso su propio nombre y encontrará por lo menos veinte resultados. Quién sabe, cuántas veces muchos de nosotros iniciamos este sondeo virtual y encontramos asombrados nuestra referencia en varios sitios virtuales desde los más populares hasta los menos visitados. No se sabe cómo llegamos ahí, pero estamos, imperecederos en el tiempo y expuestos a la divulgación indiscriminada de nuestros datos. Y si un momento determinado quisiéramos pasar al estoicismo del anonimato, ¿quién podría hacerse cargo de la eliminación de nuestras huellas virtuales?, ¿es esto realmente posible?

 

“¿Quién podría hacerse cargo de la eliminación de todas nuestras huellas virtuales en la Web...?


A la inversa, si su nombre no consta en Google, con más de una década al aire, usted no está en nada, para hablar en términos prácticos, publicitarios y modernos. Absurdamente usted es invisible para un motor de búsqueda que responde a más de 20 millones de consultas al día y que facilita el acceso a 8.168 millones de sitios. Cifras abrumadoras e inquietantes.


Las estadísticas que maneja el sitio Web de Google sostiene que quienes más visitan el buscador son los jóvenes de entre 25 y 34 años de edad, un grupo con mayor interés y acceso a las redes sociales donde se revelan no sólo gustos, personalidad, niveles de instrucción sino también filiaciones políticas, sociales, de género, ambientales, etc. Atendiendo a este criterio, imagínese usted mismo, querido lector o lectora, haciendo una reconstrucción de su paso por este mundo solamente a través de la búsqueda en la Web. Quién sabe qué perfil obtendríamos de nuestras vidas. Una biografía no autorizada, producto de una rara y sórdida mezcla virtual. Una vida recortada, compuesta de micro diálogos, con ausencia de testimonios reales de su cotidianidad. Una imagen que sólo se asemeja a un libro mutilado por el tiempo, el maltrato y el olvido.

 
Visto del lado más amargo y preocupante, la forma más fácil y rápida de recolectar sus expedientes y datos, sin su consentimiento, lo que a su vez potencia posibles abusos y debilita los mecanismos de protección de nuestra privacidad. Una situación en la que ciertamente no hemos reparado lo suficiente y que nos obliga a replantearnos la forma en que nos exponemos al mundo.

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