Milagros, mártires e impunidad
Narcisa de Jesús engrosa la lista casi 900 beatos, santos y mártires que el Papa actual ha escogido cuidadosamente en el mundo para llamar a un tipo muy especifico de militancia entre los fieles de su imperio. Entre estos están 498 sacerdotes muertos en la guerra civil española en defensa de la causa franquista. Esta elección no ha pasado desadvertida en la prensa crítica de España. El papado invisibiliza que hubo una guerra civil.
En su discurso los curas no eran actores que atacaban con armas la legitimidad política del gobierno popular sino miembros de una comunidad universal a quienes se les había revelado la verdad. Estaban por tanto exentos de toda responsabilidad política a nivel nacional. ¿Qué tiene en común la santa montubia con los mártires falangistas? Los milagros no necesitan pruebas. Edermina Arellano, una mujer del pueblo de Colimes, recibió de milagro órganos genitales de los que carecía al nacimiento. El simbolismo está claro: sus órganos no le pertenecen, son asunto divino.
“Edermina Arellano, una mujer del pueblo de Colimes, recibió de milagro órganos genitales…”
Escogida de un pueblo periférico es levantada como icono de una guerra por la instauración de una estructura familiar única, en el lema del Opus Dei en defensa de tradición, familia y propiedad. No importa si las mayorías apoyaron una Constitución dispuesta a respetar el carácter contractual de la familia o incluir a colectivos sociales surgidos de experiencias reales como la migración o los afectos. La exigencia número uno de la iglesia es creer que la verdad revelada tiene por poder propio mayor peso que el sentido común o el sentido de realidad. Los beatos y los santos tienen una visión sobrenatural de las cosas. Así como los milagros no exigen pruebas, los pactos sociales en los que se sustenta el orden democrático no existen, pueden ser por tanto violados. Según los ojos morales: los genitales son asunto divino; la República no era un régimen político sino un mal moral; los curas en armas estaban defendiendo el imperio de la fe, no atacando la democracia; no odiaban, “perdonaban a sus torturadores”, son las víctimas no los victimarios. Narcisa ha movilizado 150.000 devotos, el paso del creyente al militante contra la república requeriría mayores condiciones en el caso ecuatoriano, sin embargo no deja de ser inquietante el discurso del papado respecto de la irrelevancia de los asuntos nacionales en la construcción del imperio universal de la fe. También es inquietante que la derrota política de la derecha le lleve a revivir vidas ejemplares del siglo XIX. El caso de los “mártires” falangistas es patente. Reporta el noticiario 20 minutos de España que uno de los “mártires”, Gabino Olaso era un torturador, que había violentado al religioso filipino Mariano Dacanay, por su simpatía con el movimiento por la descolonización de la isla. Sin embargo la iglesia lo defiende bajo el argumento de que el mártir no requiere de una vida ética, todo lo lava con su sacrificio. Tener “muertos en el armario” no cuestiona la valía de su sacrificio. El peligro de esta doctrina transnacional es que considera irrelevantes los pactos sociales, y que sus métodos violentos quedan impunes.