Tomada de la edición impresa del 13 de octubre del 2008

La crisis de la felicidad

ALEJANDRO MOREANO

amoreano@telegrafo.com.ec


Casa y carro son el ideal yanqui de la felicidad. Distintas felicidades, sin duda, entre quienes poseen mansiones en Beverly Hills y varios Rolls Royce y quienes hipotecan su vida por una casa de 15 mil dólares y un vehículo de cinco mil. 

Y por allí ha comenzado la crisis. Los bancos prestaron dinero a todo el mundo para comprar casas, de una industria ya en crisis, a precios muy altos. Al poco tiempo millones de norteamericanos dejaron de pagar sus cuotas. Los bancos embargaron sus casas sin tener a quien venderlas. La burbuja hipotecaria disparó la crisis financiera. Ahora la crisis se ha extendido a la industria automotriz que sufre una caída de sus ventas -en agosto, General Motors 20,4%, Ford 25,8%, Chrysler 34%, Toyota 9,4%- y del valor de sus acciones: las de la General Motors a su mínimo en 53 años

La Depresión del ‘29 fue una crisis de superproducción. La valorización del capital genera una voraz necesidad de crecimiento –la producción por la producción, la ganancia por la ganancia- y al mismo tiempo limita su realización.

La era neoliberal liberó al capital financiero de toda traba y una orgía de crédito llenó a EE.UU. y al planeta de capital-dinero ficticio para paliar el conflicto. Y desató la lógica del capital ficticio, la locura del dinero por el dinero: una circulación monetaria varias veces superior a la mercantil, especulación de títulos de títulos, derivados, papeles de papeles. Baudrillard habló de esquizofrenia del valor de cambio. La sustitución de la economía real por su ilusión monetaria generó la cultura posmoderna en la que lo real es suplantado por el lenguaje y la imagen.

Pero, la esquizofrenia del valor de cambio era solo un fantasma. Un fantasma cruel que, como señala Marx, gesta una violenta crisis para poner las cosas en su sitio.

“La crisis de la “globalización” creará condiciones para las integraciones regionales”

El capital financiero yanqui, según estimaciones, llega a 70 millones de millones de dólares. El PIB mundial anda por los 50, de los cuales 10 corresponden al PIB de los EE.UU. Empieza un largo proceso de evaporación del capital ficticio, a pesar del intento de  sostenerlo en una típica huída hacia delante.

La crisis del ‘29 duró casi diez años, alcanzando en el 29-33 su mayor profundidad. Estudiosos fijan el lapso de la presente en diez y hasta veinte años. Nos espera su extensión a todos los sectores. Punto nodal es China, ya en crisis de mercado de valores, centro de la producción mundial de bienes de consumo baratos bajo el comando del capital multinacional. La contracción del mercado mundial ha empezado a afectar esa dinámica y su profundización puede obligar a China a redirigir su producción a su gigantesco mercado interno, hoy comprimido.

La crisis y el debilitamiento de la llamada “globalización” creará condiciones para las integraciones regionales. A la vez, destapará las fuerzas sociales de todo el planeta y surgirá una intensa lucha por su reordenamiento, en el cual, el mayor peligro será la tentación yanqui de imponerse por la guerra.

El Ecuador –que sufrirá la caída de los precios de sus exportaciones- no tiene salida en el modelo extractivista –una locura- sino en la integración de América del Sur a partir de un proyecto inteligente de desarrollo agroindustrial.

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