Tomada de la edición impresa del 13 de octubre del 2008

Hacia el Bicentenario

Juan J. Paz y Miño Cepeda

jpazymino@telegrafo.com.ec


Ala época de la independencia, la Sierra y la Costa lucían como dos “repúblicas”, separadas por la geografía, la ausencia de caminos y comunicaciones hábiles, con economías agrarias asentadas en las haciendas, pero distinta orientación productiva.

Sin duda, Quito y Guayaquil estaban definidas como ciudades ejes: la una en la Sierra centro-norte y la otra en la Costa centro-sur. A fines de la colonia, Guayaquil mantenía una autonomía relativa en virtud de la regionalización del país. Sin embargo, la Sierra concentraba al 90% de la población y Quito era capital y sede gubernamental.

Estas características explican el hecho de que los pronunciamientos a favor de la independencia frente a España estallen como revoluciones inicialmente locales. La Revolución de Quito del 10 de agosto de 1809 no pudo afirmarse incluso porque las otras regiones la rechazaron. Finalmente sus principales líderes fueron masacrados. Una década más tarde, la Revolución de Guayaquil del 9 de octubre de 1820 encontró condiciones favorables incluso porque Bolívar y San Martín se acercaban liberando por el norte Venezuela y Colombia y por el sur Argentina, Chile y en camino Perú.

“Hay voces que desconocen los vínculos históricos entre Guayaquil y Quito en el proceso independentista...”

La Revolución de Quito instauró un gobierno criollo y culminó con la reunión de un Congreso y la expedición de la Constitución de 1812, pionera en organizar un Estado nuevo, con Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Ejército propios. La Junta de notables quiteños todavía proclamó fidelidad al Rey de España porque no existían condiciones para un abierto autonomismo, a pesar de que líderes como Morales y Quiroga eran radicales independistas. Igual fidelidad fue proclamada por las Juntas similares a las de Quito, que se instauraron en Caracas, Bogotá, Santiago de Chile y Buenos Aires tras las revoluciones de 1810.

Diez años más tarde, cuando en toda Latinoamérica la independencia estaba en camino, los criollos y patricios guayaquileños no tuvieron inconvenientes para proclamar abiertamente la suya.

Al no comprender a la independencia como un proceso continental de larga duración, que se inició para el Ecuador en 1809 y culminó en Pichincha en 1822, cierta versión de la historia guayaquileña sigue desconociendo a la Revolución  quiteña.

Lo paradójico es que mientras Quito y con ella todo el Ecuador se prepara a conmemorar el Bicentenario de la pionera revolución de 1809, y mientras desde México hasta la Argentina se preparan conmemoraciones por sus respectivos Bicentenarios a partir del 2009 (Ecuador y Bolivia) y especialmente el año 2010 (México y Sudamérica), hay voces que desconocen los vínculos históricos entre Guayaquil y Quito en el proceso independista y pretenden valorizar únicamente la Revolución de Octubre de 1820. Se trata de una ideología que, manipulando el histórico autonomismo guayaquileño, ha pretendido, en cambio, construir una versión “oficial” de la historia para otra cosa: alentar una especie de Ciudad-Estado, pero ajustada a posturas regionalistas e intereses de poderosos grupos oligárquicos dominantes, que desdicen de la identidad nacional.

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