Tomada de la edición impresa del 12 de octubre del 2008

Los medios desconocen a Ecuador

Orlando Pérez
operez@telegrafo.com.ec


La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) es una asociación de propietarios de dueños de comunicación que entienden el periodismo como un negocio y la libertad de expresión como un valor para garantizar sus negocios. Si no, ¿cómo se entiende su última reunión en España? ¿Para qué le invitaron a Mario Vargas Llosa y no le pararon bola en su crítica al superficialismo, sensacionalismo y amarillismo con el que pretenden mantenerse como periódicos, o sea como negocios y no como vehículos de información, diálogo ciudadano y relación social de todos los sectores?

Los medios americanos se reúnen en España para decirle al mundo que se afirman como entidad, pero se olvidan que en cada país ocurren procesos democráticos, políticos y sociales que están demandando de ellos mismos: mayor responsabilidad, mejor producción informativa, mayor precisión, menos militancia con quienes defienden sectores e intereses ultra particulares. Y como olvidan eso en cada proceso electoral, como el último ecuatoriano, se convierten en actores a los cuales el TSE no les puede fiscalizar la cantidad de publicidad a favor de una tesis u otra. Si solo se sumaran los minutos que Jorge Ortiz y Carlos Vera dedicaron a promocionar el No o el Nulo, quizá sumen tantos como las cadenas del Gobierno publicitando su obra y sus proyectos.

Todo eso sin tomar en cuenta, la cantidad de editoriales de ‘objetivos’ analistas que se dedicaron a explotar sus prejuicios. Los cuatros mayores diarios del Ecuador deberían hacer la suma de las palabras dedicadas a oponerse a la mayoría de ciudadanos que optaron por la nueva Constitución. Así revelarían cuán conectados están con el país, con la contemporaneidad y con el proceso democrático que vive esta nación.

“¿Qué hacemos para mejorar el oficio y ser más responsables
con nuestras audiencias?”

La pregunta es por qué hicieron esa tarea, qué razón política les llevó a tomar partido, incluso a periodistas que sin ser dueños del negocio se alinearon con la posición de sus jefes, aunque sus camarógrafos, fotógrafos, técnicos, personal de distribución, de impresión y de la administración festejen el triunfo del Sí. Las respuestas están más allá de lo que algún periodista ha dicho: “periodismo militante”. Están más cerca de lo que implica tener un negocio al cual el proceso político le impone nuevas normas y nuevas exigencias.

Y para volver a la SIP: ¿no se sentía más cómoda esta entidad cuando los presidentes ecuatorianos recibían en sus despachos a sus representantes y se elogiaban mutuamente? Jamil Mahuad llamaba primero a los dueños de los medios de comunicación antes de tomar cualquier medida y, aunque le hacían sus críticas, igual lo legitimaron en sus acciones, tanto que cuando se cayó los medios se encontraron con la mano en la boca por el susto y la sorpresa. Así estaba mejor la SIP.

Hay que volver sobre la calidad del periodismo ecuatoriano y americano, para entender mejor por qué ahora no se conectan con lo que el pueblo define en cada acto democrático. Ojo: y en eso también debemos pensar los periodistas comunes y corrientes, es decir, qué hacemos para mejorar nuestro oficio y ser más responsables con nuestras audiencias.

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