La frase, como frase, es hermosa, no importa el ‘os’ típicamente español que relumbra en su justa mitad. La verdad nos hace libres. Frase realmente contundente y verídica, incluso desde perspectivas prácticas y psicológicas. Porque decir la verdad quita pesos de encima, aunque al principio se arme la grande. Decir la verdad ayuda, además, a saldar cuentas, a cerrar asuntos engorrosos y a olvidarse de aquellas mentiras que nos toca seguir cuidando una vez lanzadas al viento.
Una bella canción de Joan Manuel Serrat dice también, como epítome de las penurias amorosas o des-amorosas: ‘nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio’. Y claro, una verdad puede acarrear dolor, puede provocar susto, espanto o incluso desazón, pero lo que sí hace es poner las cosas en su lugar. Y ciertamente no tiene remedio.
“La supuesta ‘derrota’ o ‘victoria’ en Guayaquil es algo que se podría calificar de ‘con las uñas’...”
Sin embargo, cuando las cosas no van como se quisiera, se tiende a olvidarlo y a intentar ‘acomodar’ la verdad de acuerdo con la conveniencia. Por eso me viene a la mente esa otra frase, tan lapidaria, anónima y sabia como muchos refranes: ‘Una media verdad es una mentira completa’.
En los últimos meses hemos vivido varios ejemplos que servirían para ilustrar estas afirmaciones. ¿Se acuerdan, por ejemplo, de aquello de que el proyecto de nueva constitución promovía el matrimonio gay? La palabra interrogativa presta en aquel momento era ¿dónde? La sencilla verdad nos presentaba la definición de matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer. Los intríngulis de la manipulación se daban la vuelta por un montón de partes, cernían puntos y comas, buceaban en el articulado completo, en lugar de leer, incluían solitos a la ‘familia homosexual’ bajo el nada específico y muy abarcativo concepto de ‘diversos tipos de familia’. La verdad os hará libres.
¿Y qué decir del tema del aborto? La letra visible habla de que se protege la vida desde el momento de la concepción. Para demostrar lo contrario había que hacer una lectura complicadísima, entre líneas, viendo por dónde se habían ubicado las comas, los puntos, las tildes y otro tipo de signos ortográficos y fonéticos, y ni aún así, porque resulta que de lo que se hablaba era de planificación familiar, que no es lo mismo que aborto. Clarito está. Medias verdades: mentiras completas.
Ahora, al revisar los titulares y la posición de los medios, resulta que también encontramos esas manipulaciones arteras de las que sabíamos que no nos íbamos a librar tan fácilmente. Los titulares cantan, gritan, se alegran: “Se confirma la derrota del Sí… en Guayaquil”. Ah, ya. Bueno es saber. “Nebot organiza festival para celebrar el triunfo del No en Guayaquil” (no así en la provincia del Guayas, en donde el Sí alcanza un 50,88% sobre un 41,35% del No). Más abajo, en letra muy pequeña, pretenden ‘informar’ con más exactitud: el Sí gana en todo el país con más del 64%, los votos por el No no alcanzan al 30%. La supuesta ‘derrota’ o ‘victoria’ en Guayaquil es algo que se podría calificar de ‘con las uñas’, pues la diferencia es apenas de un 1,29%. Nunca es triste la verdad: lo que no tiene es remedio.