Tomada de la edición impresa del 07 de octubre del 2008

El Che está en muchas partes

PADRE PEDRO PIERRE

ppierre@telegrafo.com.ec

 
Este mismo 7 de octubre estamos recordando 41 años del asesinato en Bolivia del Che Ernesto Guevara que tendría 80 años. Su figura emblemática sigue todavía muy presente en afiches, camisetas, pinturas, canciones, películas… Del Che, se ha dicho que “hace parte de los muertos que nunca mueren”. Personalmente me gusta el Che, sin aprobar todo lo que dijo e hizo. Su memoria ha calado hondo en el pueblo de los pobres de todas las edades. Y su recuerdo va más allá de las fronteras de América Latina. La razón es que supo encarnar muchos valores que nos identifican los latinoamericanos.

El Che es símbolo de resistencia contra el imperio norteamericano que siempre se ha querido imponer y continúa haciéndolo. Las expulsiones de los embajadores gringos de Venezuela y Bolivia lo demuestran. Las 18 bases navales norteamericanas que rodean América Latina lo confirman. La lucha del Che fue una lucha contra el imperialismo yanqui.

El Che es símbolo de decisión. No se quiso quedar en los ministerios de la recién triunfadora revolución cubana sino que volvió a combatir donde le parecía necesario comprometerse. Por eso fue a África, para luchar contra el imperialismo blanco de Sudáfrica. Por eso fue entre los campesinos e indígenas de Bolivia que consideraba los más pobres del continente.

El Che es símbolo de entrega. Sabía que en Bolivia la lucha iba a ser difícil. Pero nunca dudó en continuarla hasta el don de la propia vida. Su diario sobre el año y meses pasados en ese país lo describen paso a paso. Nunca pensó en dar marcha atrás y no tuvo miedo al momento de morir asesinado por los militares bolivianos. Tenía apenas 41 años.

El Che es símbolo de esperanza. Desde su recorrido por América Latina, se llenó de rabia y de esperanza: rabia porque no admitía tantas injusticias que sumían nuestro continente en tanta miseria; esperanza porque sabía que sólo luchando y dando la vida por los ideales de la liberación se podía lograr cambios desde los más pobres.

Tantos símbolos van a durar todavía muchos años, mientras los gobiernos y las Iglesias no se hayan comprometido en disminuir significativamente tanta miseria, exclusión e injusticia. El ejemplo del Che contradice estas propuestas y concreta anhelos que moran en muchos corazones, ideales que pueden llenar el corazón de muchos jóvenes, solicitados por el individualismo, materialismo y comodismo que nos propone la televisión.

El año pasado, las conmemoraciones de los 40 años de su asesinato se dieron en muchos continentes. Muchas películas han inmortalizado sus hazañas y reconstituido sus últimos combates en Bolivia. Este año también habrá conmemoraciones y enarbolaremos camisetas con su figura inmortal. Los cambios actuales en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Paraguay le dan razón. Y se nos llenara el corazón para confirmar nuestros compromisos con el cambio, para juntar nuestras manos a favor de una mejor realidad de la Patria Grande, para ofrendar nuestras vidas en las luchas de los pueblos que quieren vivir de pie, mirando a todos cara a cara.

 

 

 

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