Carta para Verónica
Silvia Buendía
Abogada, columnista invitada
Me pides que te escriba comentándote los resultados del referéndum del domingo 28 de septiembre. Quieres además que te cuente lo que creo que pasará. Como sabes, no soy analista política, pero desde mi punto de vista te diré lo que pienso, cómo vivo estos resultados y qué espero del futuro.
Primero, la sorpresota de que en el país el voto por el Sí abarque más del sesenta por ciento y de que el voto por el No sea de apenas veintipico por ciento. Yo sospechaba que ganaba el Sí, pero no con tanto. Este resultado tiene ribetes de paliza.
Sorpresa también por el empate técnico en Guayaquil. En televisión se vio a un Nebot golpeado que ni siquiera consigue disimular su abatimiento. Parece que ha tomado esta importante votación del Sí en Guayaquil como si fuera un rechazo personal. Y no creo que haya sido así. Como bien sabes, el hombre defiende a conciencia los intereses de su clase, manda en el municipio con incuestionable autoridad de macho alfa, no le gusta ceder posiciones. Debería cambiar esa actitud, ¡menos adoquines y más ciudadanía!, como tu dices. Pero creo que la mayor parte de los habitantes de la Perla reconoce el buen desempeño de Nebot como alcalde.
¿Qué pasó entonces en Guayaquil? Tal vez la gente no se creyó los fieros del alcalde sobre su deserción de la alcaldía. Será que no todos comulgaban con sus temores sobre el proyecto constitucional. O no fue tan efectiva esa campaña por el No plagada de inexactitudes, exageraciones y mentiras. Campaña que apelaba más al miedo que a la razón. Puede que muchos guayaquileños tampoco nos comiéramos el cuento de cierto sector de la iglesia que nos dijo que la nueva constitución era abortista, inmoral o que destruía a la familia. Se utilizó como argumentos la homofobia, la mentira, la crueldad hacia el prójimo. ¿Qué hará este sector de la iglesia ahora? De ley que reconocer el triunfo del Sí y buscar diálogos. No creo que se calen la camiseta del perdedor y acepten que, puede que el pueblo ecuatoriano sea en su mayoría católico (eso nos dijeron desde púlpitos improvisados en misas campales), pero... ¡ni así este pueblo obedece a pie juntillas lo que le dicen ciertos curas!
No tengo estadísticas que lo demuestren, pero estoy convencida de que la mayor parte de quienes le fueron al Sí en el referéndum no votaron contra algo sino a favor de algo. Creo que ha sido un voto positivo, lleno de esperanza, ilusionado, que busca un cambio de progreso y justicia para todos.
Y si es así, ahora nos toca como sociedad buscar los valores comunes que nos unen y dejar a un lado ambiciones mezquinas y cálculos egoístas. Es imperativo llegar a un consenso político y social que nos permita alcanzar el bienestar de todo el Ecuador a través de la tolerancia, la igualdad y la defensa de los menos favorecidos. No cabe esperar que esto se logre exclusivamente por tener nueva constitución, nuevas leyes, ni por el presidente o los asambleístas que nos gobernarán. El cambio debemos hacerlo nosotros día a día y jamás olvidar que en una democracia el cargo más importante es el cargo de ciudadano.