Obama, mujeres y aborto
Silvia Buendía
Abogada, columnista invitada
Estados Unidos vive una crisis económica sin síntomas de recuperación: se ha devaluado su moneda, su sistema financiero ha influido en el desempleo y en que mucha gente pierde sus casas. Además el Gobierno ha hundido al país en una deuda externa dramática y pretende seguir a trompicones una guerra que pierde cada día en Irak.
En este ambiente surge Barack Obama y por primera vez en la historia de ese país un hombre de raza negra podría ocupar la Casa Blanca como Presidente. Y sin embargo, no debería sorprendernos tanto la candidatura de un hombre negro en un país que ya dejó de ser blanco. Un nuevo censo, que se publicó esta semana, muestra que en los próximos 15 años el número de nacimientos de niños no blancos superará al de niños blancos. El mismo Obama, al restar importancia al factor racial de su candidatura, parece ratificar este hecho.
Lo indudable es que de llegar Barack Obama a ser el próximo Presidente de los Estados Unidos se dará un cambio drástico en el manejo del país. Obama ha denunciado la persecución que sufren los inmigrantes ilegales y destaca la paradoja de que la economía de Estados Unidos dependa de millones de personas que viven en la oscuridad. Ha declarado como prioridad de su Gobierno terminar con la guerra de Irak. Y habla de la urgencia de avanzar en el desarme nuclear en el mundo.
Del 25 al 28 de Agosto en Denver, Colorado ha tenido lugar la Convención Demócrata y desde la víspera se han movilizado a las inmediaciones del lugar activistas para protestar contra la ley que hace legal el aborto en Estados Unidos. De esta manera se pone sobre el terreno electoral, una vez más, el siempre sensible tema del aborto. Es un hecho que también allá mueve a un importante sector votantes.
Sin embargo, Barack Obama ha sido muy claro en su postura al respecto: se declara cristiano practicante, pero defiende la permanencia de esta ley que permite a las mujeres elegir sobre la interrupción de sus embarazos y acceder a un aborto legal. Esto contrasta con la postura del George W. Bush quien nunca ocultó que tenía como una de las metas de su Gobierno anular la histórica decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos de 1973, de Rode vs. Wade, que legalizó el aborto.
¿Cabe un paralelismo entre lo que sucede en Estados Unidos de cara a las elecciones presidenciales y lo que sucede en Ecuador en pleno proceso de aprobar una Nueva Constitución? Creo que sí. En Estados Unidos los jueces cambiaron una ley que no se cumplía. Treinta años después el candidato demócrata apoya esta decisión. En Ecuador los asambleístas, llevados tal vez por el cálculo político, no pusieron en práctica la ética laica en este aspecto de nuestra legislación. El nuevo texto constitucional no permite el aborto, tampoco deja puertas ni ventanas abiertas para que se lo legalice en el futuro. Es una pena.
Perdimos la oportunidad de encarar este tema como lo que es: un problema de salud pública que afecta principalmente a las mujeres más pobres. Perdimos la posibilidad de acceder al aborto legal, seguro y gratuito.