El Gobierno y los medios de comunicación entraron en otro falso debate y esta vez alrededor de la crónica roja. Los dos poderes están frente a frente para, supuestamente, decirse algunas verdades. Y lo cierto es que ninguno es capaz de reconocer lo que la crónica roja muestra de este país.
El Gobierno sostiene que prohibirle a la Policía, porque es a la Policía y no a los periodistas, que permita la toma de fotografías y filmaciones de cuerpos ensangrentados contribuirá a reducir la percepción de la ciudadanía sobre la inseguridad. El Gobierno debe entender que la sociedad vive más allá de los medios de comunicación. Debe revisar los porcentajes de personas que se informan a través de los medios, los porcentajes de quienes han preferido cambiar de canal o han renunciado a leer un periódico porque están hartos de la tragicomedia de país que presentan.
También, el Gobierno debe entender que la percepción de inseguridad no tiene como base la información que transmiten los medios. Existe, está en las calles del día a día, en el restaurante de un viernes por la noche y hay ocasiones en que se mete en nuestra casa.
Las denuncias ante la Policía Judicial o la Fiscalía son una muestra de la realidad, porque hay miles de casos que van más allá de la prensa. Casos que se cuentan a diario, que son el tema de discusión a la hora del almuerzo, que alteran nuestra cotidianidad porque sentimos miedo y el miedo nos desactiva, nos debilita como sociedad.
“Sobre el miedo cotidiano los medios hacen mella;
hiperbolizan la
realidad a través de
imágenes violentas”
Precisamente sobre ese miedo cotidiano los medios hacen mella. Hiperbolizan la realidad, insisten una y otra vez sobre imágenes violentas, a ratos espectaculares, sobre la inseguridad sin medir las consecuencias, sin preguntarse ¿para qué? Hay que contar todas las veces que Ecuavisa, por ejemplo, ha transmitido el robo a una joyería en el centro comercial El Bosque en Quito. ¿Es la representación de toda la inseguridad?
No obstante, existe algo peor que no se ha discutido: hay medios de comunicación que violan los derechos de las víctimas y de los familiares de una tragedia.
Los muertos, que generalmente son los muertos de la pobreza, aquellos a los que solamente les queda su dignidad, son atropellados por cámaras en nombre de la libertad de expresión. Las víctimas no tienen derecho a la privacidad, sus cuerpos ensangrentados y el llanto de las familias son espectacularizados para el horror de la sociedad. Morirse, como se mueren los pobres de este país, enriquece cierta prensa que supuestamente publica lo que “la gente quiere ver”.
Muchos medios violan derechos humanos. O ¿acaso no es ilegal presentar las imágenes de los detenidos y acusarlos de delincuentes, cuando en este país supuestamente se es inocente mientras un juez no diga lo contrario? ¿Tampoco es ilegal hacer declarar a una persona en su contra? En nombre de la seguridad, en nombre de la realidad, en nombre de la libertad de expresión no se pueden violar más derechos, porque entonces quien lo hace se coloca al mismo nivel de quien cometió el delito. Los derechos humanos no son excepcionales ni están a conveniencia. Son para todos, en todo momento.