Inseguridad alimentaria
MELANIA MORA
Columnista
mmora@telegrafo.com.ec
Parafraseando el famoso Manifiesto, podríamos decir que el fantasma del hambre recorre el mundo. Se trata de una situación crítica en la que suben los precios de los alimentos al tiempo que las exportaciones de nuestros productos tradicionales provenientes de la agricultura y la minería, alcanzan apreciables alzas en el mercado externo.
Frente a esta realidad, en todas partes -incluyéndonos-, se realizan foros cuyo tema es la seguridad alimentaria y las causas que inciden en su crisis. Entre ellas se habla de la modificación de patrones alimentarios en China e India, que implica un incremento significativo de la demanda de productos lácteos y cárnicos; el cambio climático cuyos efectos a nivel mundial son evidentes. Igualmente se menciona la devaluación del dólar y una creciente especulación. Pero lo que se reconoce con mayor fortaleza es el cambio de destino de algunos de los productos más consumidos en el mundo como maíz, caña de azúcar, sorgo, soya, colza, trigo, que han sido desviados de la atención alimenticia a la producción de biocombustibles. El alza de los precios del petróleo ha vuelto rentable la producción de sustitutos como el etanol. El Banco Mundial reconoce un 65% de la causalidad a esta última situación. Las alzas en los precios son enormes. Igual sucede con los insumos y fertilizantes.
“Aquí se privilegió la agricultura
de exportación y no la
de consumo interno…”
En nuestro país, se privilegió la agricultura de exportación antes que la destinada al consumo interno. El problema es antiguo y se reforzó con el neoliberalismo. En el descuidado sector agrícola hay alta dependencia de insumos y fertilizantes. Además las cadenas de comercialización, en las que los intermediarios tienen un rol importante, perjudican al productor y al consumidor.
Frente a aquello es preciso privilegiar la producción destinada a la alimentación. En el Proyecto de Constitución que se votará el 28 de Septiembre, el Art. 13 del Capítulo I, Sección 2ª. , indica que: “…El Estado ecuatoriano promoverá la soberanía alimentaria…” y el Capítulo Tercero del Título Sexto, establece que: “…La soberanía alimentaria constituye un objetivo estratégico y una obligación del Estado para garantizar que las personas, comunidades, pueblos y nacionalidades alcancen la autosuficiencia de alimentos sanos y culturalmente apropiado(s) de forma permanente…”, a lo que se adicionan 14 numerales referidos a responsabilidades a cumplirse a nivel del Estado con tal propósito.
Hay medidas que pueden tomarse en el corto plazo: mayores créditos del Banco de Fomento que busquen al agricultor y no ‘burocraticen’ trámites y requisitos. Asistencia técnica efectiva y oportuna. Control de los circuitos de mercadeo que favorezcan al productor y al consumidor estableciendo contactos directos. La participación campesina es esencial y con ella surgirán muchas iniciativas, aparte de las de mediano y largo plazo que tomará el Estado según la nueva Constitución.
El cambio social requiere de una población sana. Alimentos a precios accesibles para todos, serán la base de una sociedad más justa. La seguridad nacional empieza por la alimentaria.