Tomada de la edición impresa del 03 de junio del 2008

Bicentenario de la Independencia


La proximidad de la celebración del bicentenario de la Independencia ecuatoriana contrasta con la evidente desatención que tanto el gobierno como la sociedad exhiben al respecto. Aunque el presidente Correa expidió un decreto declarando a los años 2007 y 2008 como lapso de preparación de la conmemoración bicentenaria, la verdad es que casi nada se ha avanzado al respecto. Al finalizar el año anterior, la propuesta inicial que la Comisión de Conmemoraciones Cívicas venía trabajando se detuvo por su traspaso burocrático de un ministerio a otro. Luego se nombró otra comisión encargada del tema, integrada por autoridades de alto rango, cuya tarea aún no empieza. Por su parte, la opinión pública nacional tiene una agenda reacia a tratar cuestiones relacionadas con la historia, la cultura o todo aquello que implique pensar o reflexionar. Como sabemos, sufrimos unos medios que han hecho de lo “light” su visión, misión y fortaleza. De otro lado, la gente común carece de información básica sobre el contenido histórico de la inminente celebración y apenas recuerda lo que aprendió en su tránsito por el aparato educativo, generalmente impregnado de un memorismo volátil y un patrioterismo estéril.

“La opinión pública es reacia a tratar cuestiones relacionadas con la historia…”

En el registro histórico tradicional, la Independencia fue considerada esencialmente una suma de batallas, protagonizadas por dirigentes criollos, cuyo culto absorbió todo el aliento de la comprensión histórica. Una nueva perspectiva histórica de la Independencia empieza a dibujar el complejo camino de las mutaciones de la cultura política de inicios del siglo XIX, que condujo a la construcción del Estado republicano. La nueva perspectiva presenta la emergencia de una nueva semántica en el vocabulario político de la época que gira en torno a las nociones de “soberanía”, “representación”, “constitución”, etc. La lista de actores de la Independencia deja los campos de batalla para incluir mujeres, indios, negros, mestizos, intelectuales, curas, plebe, cabildos.

Resulta irónico cómo el evento histórico de la independencia se volvió objeto de indiferencia y olvido por parte de los ecuatorianos del siglo XXI. Quizá todo esto se deba a la acción combinada de la falta de renovación de la historiografía de la independencia ecuatoriana y a la baja estima social en que se tiene a la enseñanza escolar de la historia, al sostenido cultivo de la desmemoria que ofrecen los medios masivos, al abandono en que el Estado y las universidades han tenido a la salvaguarda, investigación y difusión del pasado durante los dos últimos decenios. ¿Se puede esperar interés sobre un tópico que la mayoría desconoce? Resulta imperativo confeccionar una agenda conmemorativa de la Independencia, cuya realización sea parte del proceso de reconstrucción de la esfera pública, hoy colonizada por los medios. Muy lejos de consagrar interpretaciones oficiales, se trata de ofrecer información y promover la reflexión. ¿Por qué no dan el primer paso de creación del Foro Bicentenario de la Independencia el periódico y la televisión pública?

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