¿Quién irrespeta?
Me da ternura esa marcha que hacen los niños y las niñas de colegios católicos a las puertas de Carondelet, seguramente instados por sus profesores y los directivos de sus colegios. Recuerdo con cierta nostalgia que a mí también me tocó hacer algo parecido. O sea, yo era una niña obediente y no me hacía mayor problema en salir y caminar una cuadra hacia el Palacio de Gobierno para pedir que se respetara lo que ahora la jerarquía católica del paisito llama derecho a la libertad de educación (o algo así) de los padres.
También recuerdo los argumentos, y eso ya no me da tanta ternura. No puedo citar las palabras exactas ni el nombre de quién las pronunciara (eran todas, seguramente, y el capellán en la misa entre semana también), pero la idea central era: “si no conseguimos que se respete la educación católica, Dios lo recordará el día de nuestra muerte…”. En aquella época el supuesto ataque a la educación católica era que se rigiera por el código laboral al uso y que pagara a los profesores y empleados de acuerdo a méritos, escalafón y cumpliendo con todos los requerimientos legales y económicos. ¿No lo hacía ya, siendo tan católica? Parece que no. Y les espeluznaba tener que hacerlo, pues eso implicaba, según ellos y ellas, subir las pensiones y por ende perder clientela. Yo, la verdad, no sé de qué irrespeto se quejan.
Bueno, comprendo que no estén de acuerdo con la despenalización del aborto y otros aspectos como el matrimonio entre parejas del mismo sexo, cosas así. Es parte de su doctrina y sus creencias y LAS RESPETO (por si acaso) aunque no las comparta al ciento por ciento.
Pero sigo sin saber de qué irrespeto se quejan.
“Si no se respeta la educación católica… Dios lo recordará el día de nuestra muerte…”
Primero, porque nadie les irrespeta, al menos no se ve. ¿O es acaso irrespeto querer legislar para todos en lugar de solamente para favorecer la doctrina de la jerarquía católica?
Segundo, (y esto lo digo con mucho respeto, de verdad): ¿con qué cara? Yo calladita estaría. O sea, ¿cómo es que se atreven a pedir respeto quienes desde los tiempos de Constantino irrespetaron de todas las formas posibles la libertad religiosa y los valores de todos quienes se atrevieron a pensar diferente? Por más que no quiera, vuelvo a vislumbrar los fantasmas de Hipatia apedreada, de Miguel Servet quemado vivo, de los cátaros desfilando dignamente hacia la hoguera, del mismo Fray Luis de León preso en la cárcel durante diez años, de Eloy Alfaro arrastrado por las calles de Quito y de su cuerpo incinerado en el Ejido.
¿Sabrán de estas historias todos aquellos niños con uniforme? ¿Por qué exige libertad una institución que, si contra algo se ha opuesto a través de toda la historia, ha sido contra la libertad? ¿Qué opinarían de esta marcha Santa Teresa, San Francisco de Asís, el mismo Jesús, mártir de la represión religiosa de su tiempo y sus apegos al dogma y al poder?
Porque en el fondo, con toda esa amenaza del infierno si no conseguimos que se ‘respete la libertad religiosa de los padres’, lo que prevalece no es más que eso, por más mermados que estén: seguirse apegando como sea a los últimos restos de poder dogmático.