Tomada de la edición impresa del 20 de mayo del 2008

Los símbolos y la vida

La vida de la sociedad es un perenne flujo de cambios, lo sentimos a diario. No obstante, hay asustados/as por la propuesta de actualización de los símbolos patrios, sugerida por Tania Hermida en la Asamblea. “¿Cómo se puede intervenir en aquello que es eterno y que ‘es’ nuestra ‘identidad’?”, se objeta, agregando que “los asambleístas deben dedicarse a lo que importa”. Tales críticas están siendo difundidas por algunos medios de comunicación en versiones corregidas y aumentadas y, más que nada, sobreexponiendo el tema, para desprestigiar el trabajo de la Asamblea.

Amable lector o lectora, reflexione ¿qué pasaría si a estas alturas de la historia conservásemos, como nuestros, los símbolos de la España borbónica? Los símbolos, por cierto, también envejecen, al dejar de expresarnos como colectividad en constante renovación. ¿Qué tan importante es hoy la imagen de un buque construido en 1840, cuando tenemos un astronauta y Guayaquil ya no es un astillero? ¿Y por qué no reconocer al spondylus que no es un “caracol”, como se dijera, sino una de las riquezas de nuestro litoral más altamente cotizadas en el mundo precolombino? (Claro, sentiría nostalgia por el cóndor andino). Abogamos no necesariamente por la sustitución de los símbolos, sino por unas mentalidades abiertas al cambio, de ser indispensable la actualización de nuestros mensajes verbales y visuales al mundo del siglo XXI. Invoco, apenas, a la sensibilidad hacia las voces profundas de un país en pañales que quiere venir al mundo con galas y amores nuevos.

“Abogamos por mentalidades abiertas, por la actualización de los mensajes visuales”

¿Y la identidad? Si los símbolos envejecen es porque nuestra experiencia histórica se ha transformado y, con ella, lo que quisiéramos decir a los pueblos coetáneos, lo que hoy somos. Es decir, la identidad se renueva. Entonces ¿por qué aferrarse a las alusiones al león rugiente y despechado, si la pesadilla geopolítica de hoy es otra? ¿Por qué no escribir en los versos patrios, por decir algo, “misiles” o “petróleo”? Requerimos de nuevas imágenes y palabras que nos expresen, de nuevos mensajes sobre los sueños. Imágenes y palabras para hablar de los pueblos originarios, de la negritud, de las mujeres de estas tierras, de la juventud, de nuestros/as emigrantes. 

Si usted fuera oriundo/a de una bella ciudad, cuyo himno nombra unos pocos apellidos ilustres y menciona sólo a los varones, sabios y santos ¿le gustaría que su apellido figurase en la solemne canción, aunque usted fuese solo un querendón más de sus ríos, o bien que saliesen todos los apellidos por falta de espacio? Y siendo una mujer, de coraje y amor cotidiano o de arte, de intelecto o de Estado, ¿aceptaría que los emblemas cívicos también la honrasen? O si usted fuese indígena, sería muy justa la aspiración a ser reconocido/a en el himno. ¿No le parece? Modificaciones como esas afianzarían nuestro sentido de pertenencia, así que reformar los símbolos no es ninguna herejía ni pasatiempo. Si llegara el momento ¡ayudemos a la vida a entrar por la puerta grande! Ah, sí, ¡Y no deje que lo ahoguen en un vaso de agua! ¿Acaso no nos quitaron el sucre?

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