¿Constitución a la medida de quién?
Cuando estudiaba en la universidad veía todos los días al pasar por la misma calle un graffiti de mano anónima que decía: “Justo cuando tenía las respuestas, me cambiaron las preguntas“. Una afirmación simple sin adornos que en aquellos tiempos de reflexiones teóricas y búsqueda de referentes podía aplicarse a cualquiera de nuestras más recurrentes dudas. Entonces pensaba en todas las metáforas que se pueden construir gracias a esta imagen, en ese camino de ida y vuelta a nuestros orígenes. La comprensión de nuestra realidad a través de una lectura constante de nosotros mismos que muestra la realidad detrás del disimulo o el error. Pero, ¿son nuestros actos consecuentes a nuestras respuestas?
En la actualidad son muchos los temas de trascendencia que están más allá de la confrontación coyuntural de la que se sostiene la política y la agenda mediática. La instalación de la Asamblea Constituyente ha traído diversos temas a discusión que para algunos rayan en lo absurdo. Hablar del derecho de la mujer al placer sexual, la maternidad compartida, o la reciente discusión de la representatividad de los símbolos patrios son discusiones irrelevantes, desde algunos puntos de vista. Mientras algunos piden conservar las tradiciones y respetar nuestra historia, otros insisten en mirarnos al espejo, borrarnos de un plomazo y comenzar de nuevo. Un conjunto de preguntas que intentan resolver, o al menos plantear, el problema de la identidad fracturada, esa suerte de esquizofrenia, como planteaba Miguel Donoso Pareja.
Es verdad que en ese camino por escribir nuevamente la historia hace falta ideas provocadoras, irreverentes, audaces, pero la originalidad traspasa la envoltura. En el nuevo escenario nacional, la demanda no consiste en darle nuevos nombres a las cosas. La patria altiva y soberana no es simplemente un slogan, eso sí, es mirar al pasado.
En esa reflexión es inevitable regresar a los días de la escuela para recordar cómo fue construido el concepto de patria desde nuestra infancia. Los primeros años de instrucción escolar estaban poblados de símbolos e imágenes, desde la bandera y el escudo nacional, pasando por la estampita del Divino Niño hasta la fotografía a todo color del equipo campeón de fútbol. Todo bajo un mismo concepto: la patria. Sin embargo, no recuerdo que nadie nos haya invitado a reflexionar sobre esto. Memorizar cada fecha, cada héroe, cada pedazo de historia, sí, pero de cuestionamientos, nada. Y esto sigue repitiéndose en el sistema educativo del país.
Por un lado el sarcasmo y el rechazo que produce la discusión de ciertos temas nos impide ver las discusiones de fondo. Nos niega la posibilidad de discutir la idea de país como concepto, en razón de los cambios que hemos vivido. Por otro lado, la inclusión de temas novedosos y sugerentes no es una garantía para alcanzar la aprobación del Referéndum. Volviendo a la imagen del graffiti. ¿Basta sólo con cambiar las preguntas? Las Constituciones a la medida no existen.