Tomada de la edición impresa del 19 de mayo del 2008

Multiplicidad democrática

Juan J. Paz y Miño Cepeda

jpazymino@telegrafo.com.ec

 
Escribo desde Montevideo y Buenos Aires. Asisto a la reunión del Grupo de Trabajo sobre Historia Reciente del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y dicto unas conferencias en las universidades públicas de ambas ciudades.

Ha sido una excelente oportunidad para intercambiar reflexiones, análisis y aún polémicas con diversos colegas académicos de la región. Resalto tres temas de interés, entre los que hemos tratado, resumiendo también los puntos centrales de mis intervenciones.

Primero. ¿Es posible una historia reciente o inmediata? Claro que sí. La historia tradicional creyó que solo debían ser objeto de estudio los fenómenos mayores a cincuenta años. Hoy la historia inmediata tiene pleno desarrollo. Quienes la hacemos definimos que el presente es el resultado de procesos que vienen desde el pasado, que no es posible comprender el presente sin buscar sus raíces y que la historia es una ciencia que conecta pasado, presente y aún futuro, pues también el presente proyecta tendencias (no hechos) sobre las cuales se puede investigar. La historia inmediata exige que los hechos de la actualidad sean analizados precisamente con la suficiente fundamentación histórica.

“Fueron desmovilizados los sectores populares y precarizadas las relaciones laborales”


Segundo. De acuerdo con los análisis presentados por los académicos participantes es posible sostener, desde una perspectiva histórica amplia, que todos los países latinoamericanos han sido socialmente devastados, de uno u otro modo, por el modelo neoliberal adoptado como panacea modernizante durante el último cuarto de siglo. En todos creció la pobreza, el desempleo y el subempleo. Aumentó la concentración de la riqueza. Se deterioraron los servicios públicos y las instituciones estatales. Fueron desmovilizados los sectores populares, pero también precarizadas y flexibilizadas las relaciones laborales. De manera que ha tocado a los nuevos gobiernos reformistas de la región afrontar esas herencias e intentar revertirlas con políticas que han despertado las resistencias oligárquicas, de las elites empresariales y de las clases políticas tradicionales, otrora beneficiarias del aperturismo económico indiscriminado, a costa del deterioro social.

Tercero. No puede considerarse a la democracia como un modelo único, que todos los países latinoamericanos tienen que seguir y que la política neoliberal convirtió en simple democracia electoral combinada con economía empresarial. Es necesario entender que cada país tiene derecho a construir su propio modelo de democracia, ajustado a las condiciones históricas internas y a los niveles de movilización y confrontación por el poder que inevitablemente provocan las desigualdades acumuladas por la región. Por consiguiente, solo cuando se acepte la multiplicidad democrática de América Latina, fenómeno y proceso naciente en la región, podremos comprender mejor las políticas, acciones y reacciones que provoca la historia inmediata de países como Bolivia, Cuba, Nicaragua, Venezuela, o también Argentina, Brasil, Uruguay y desde luego, el proceso de cambios que vive el Ecuador.

 

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