Los informales
La noticia causó escozor en varios alcaldes del país, especialmente en los de Guayaquil y Quito. La Asamblea Constituyente aprobó el texto constitucional donde “Se reconoce y protege el trabajo autónomo y por cuenta propia realizado en espacios públicos, permitidos por la ley y otras regulaciones” prohibiendo además, “toda forma de confiscación de sus productos, materiales o herramientas de trabajo”. El rechazo y la aclaración sobre el acuerdo, nutrieron el show de la televisión nacional. Los burgomaestres de las dos ciudades más pobladas del país vieron amenazados, en este texto, sus proyectos de ciudad.
En el caso de Guayaquil, solo imaginar el hecho de que su “nueva arquitectura y espacio público”, (el de los malecones y avenidas regeneradas bajo el lenguaje estético del turismo global genérico excluyente), fuera invadida por “la guatita y el jugo en balde”, causó la irritación de Jaime Nebot. En Quito, a pesar de los avances en el tema en las últimas administraciones municipales, no faltaron las dudas de que los vendedores ambulantes “se tomen nuevamente las calles de la ciudad”. El alcalde Moncayo, solicitó de inmediato el apoyo del Ministerio de Gobierno para evitar que el centro se caotice.
¿Que subyace detrás de este conflicto? ¿Qué significa el comercio informal en las ciudades y el espacio público? En el sentido más amplio, el comercio en general está en la misma base de la idea de ciudad. Es un elemento constitutivo de su territorialidad y es a su vez una actividad económica de carácter público, en la medida en que todos los ciudadanos pueden acceder al mismo y disfrutar de su presencia.
También es importante considerar que dentro de la formación de la cultura urbana, como modos de vida diferenciados, en el país se superponen las tradiciones hispánicas y las tradiciones indígenas y campesinas. En el proceso de la conquista, la una se impuso y relegó a la otra. La identidad de los centros históricos de las ciudades y el comercio fueron tomando definiciones a partir del poder que les categorizó. Se fue construyendo en los escenarios de la dominación y el conflicto. Desde ese punto de vista, también se pueden explicar las reacciones de los alcaldes de Guayaquil y Quito especialmente.
El tratamiento a este problema por parte de la Asamblea Constituyente es confuso y ambiguo; se puede interpretar como contradictorio con el Sistema Nacional de Planificación y el Plan Nacional de Desarrollo que propone la recuperación del espacio público como uno de sus objetivos. La Asamblea no ha entendido todavía que la organización del comercio informal respecto del espacio público es una oportunidad para disminuir la pobreza, formalizar e incluir social y productivamente a un gran sector poblacional del país. Así como tampoco lo ha entendido aquel poder que abandonó los centros históricos y ahora quiere retornar a esa ciudad para construirla a su manera: excluyendo y negando, regenerando y no revitalizando, rechazando formas de encuentro y admitiendo formas de imposición para, equivocadamente, seguir haciendo “más ciudad con más seguridad”.