Cartas al director
La entrevista de Monseñor Arregui
El adagio popular “El pez por la boca muere”, cae como anillo al dedo para dimensionar y comprender el significado y alcances de ciertas afirmaciones de Monseñor Antonio Arregui, presidente de la CEE, en la entrevista concedida al diario el Telégrafo el 08-08-08.
“No soy un experto analista político”, afirma. Sin embargo sus respuestas estaban impregnadas de hábiles tintes políticos. “Las miles de firmas” que dice llevaron los obispos a Montecristi, carecieron de libertad y honestidad en su recopilación. Los padres de familia cuyos hijos se educan en los colegios católicos fueron obligados a firmar en unas hojas previamente preparadas y los alumnos-as, a su vez, tuvieron que llevar a sus respectivos colegios otras hojas llenas con cien firmas, como condición para continuar en los colegios o para graduarse. “La iglesia no es vertical”, con esta afirmación, Monseñor Arregui niega su propia jerarquía y desconoce que la Iglesia Romana y todas las iglesias son las más verticales. Desde Constantino, la Iglesia Romana optó por un sistema vertical. Desde entonces aparecen en la estructura eclesiástica, títulos, honores y prebendas: monseñores, obispos, arzobispos, nuncios, cardenales y últimamente presidentes de Conferencias Episcopales. Al hablar de “doctrina”, quizá se refiere a la doctrina del Opus Dei, que Monseñor Arregui lo cataloga como una dimensión de la Iglesia. En los evangelios no se habla de dimensiones de la Iglesia y la palabra del Cristo del Evangelio es, ante todo, un Mensaje Liberador.
Causa extrañeza que un miembro del Opus Dei se refiera a documentos del Concilio Vaticano II. El Concilio y sus documentos fueron ‘enterrados’ por el protector del Opus Dei, Juan Pablo II, prevaleciendo los postulados del libro “Camino”, de José María Escribá de Balaguer, sobre el Mensaje Evangélico.
Como colofón de la entrevista, el español Monseñor Arregui, sentencia: “Si usted en un vaso de agua cristalina, fresca, rica le echa unas gotas de cianuro, se acabó…”. Tal vez el subconsciente le traicionó. La Iglesia tiene un largo e histórico rabo de paja. Hechos abundan, basta recordar el caso Galileo…
La posición de los miembros de la cúpula de la CEE, contrasta con el actuar de un hombre de Evangelio como fue Monseñor Leonidas Proaño.
El Obispo Proaño comprendió y vivió el Mensaje Evangélico, por eso, ahora, resucita y está presente en la memoria histórica de la sociedad ecuatoriana, a pesar de las palabras que Monseñor Mario Ruiz pronunció, a pocos días de la muerte de Proaño, “hay que desproañizar el Ecuador”.
Dr. Ruperto García S.
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