Cartas al director
Iglesia S.A.
Con mucha transparencia y frontalidad, la cúpula de la iglesia católica ecuatoriana, ha dado el salto que ni Monseñor Bernardino Echeverría se atrevió a dar: del campo subjetivo de la conciencia al campo objetivo de la economía.
Entrar en lides políticas con tal vehemencia no es otra cosa que entrar a la defensa de intereses económicos, de ellos y del grupo al que representan.
La iglesia ha utilizado eficientemente su poder subjetivo para crear un gran poder económico, y ya no le da tanta importancia a los bienes celestiales como a los terrenales. Iglesias recubiertas de oro, cáliz de oro y plata, bonos de la deuda externa, cuentas corrientes, escuelas, colegios y universidades, que son verdaderas minas de oro, de donde se extrae no solo dinero sino conciencias a su servicio.
La economía de libre mercado destruyó a millones de familias y las condujo a una mayor pobreza, lo que revirtió favorablemente a la iglesia con más feligreses y devotos, que en su gran desesperación tratan de comprar la salvación en la otra vida, porque en ésta es imposible.
Colocar el Estado al servicio de la gente, entregándole opciones de seguridad social, educación, soberanía alimentaria y reducir su angustia, es hacerle competencia a la iglesia. Pretender solucionar el gran negocio de la desesperación y la pobreza mental, es atacar los cimientos de la iglesia.
En su calidad de Gerentes de la Iglesia S.A., los obispos tratan de defender su target de clientes, que es uno de los pocos espacios que le quedan.
Las otras sectas religiosas compiten abierta y eficazmente en su anterior mercado. Cada vez hay menor número de ordenados como sacerdotes. Los problemas de pedofilia les hacen ver a los curas menos dioses y más pecadores. Las riquezas individuales de muchos curas y las iglesias, constituyen un insulto a la pobreza de los marginados por las oportunidades.
Un proyecto de constitución que da atribuciones a las mujeres para decidir sobre su cuerpo, sin acudir a la iglesia para que ejerza la hipocresía, es quitar el piso a quienes se creían sus dueños eternos.
Es desde todo punto de vista lógico que los gerentes traten de sostener sus clientes y su empresa. El dilema de los gerentes es ¿dejamos quebrar la empresa o la salvamos? No importa si mentimos, engañamos o tergiversamos. La iglesia S.A. se las juega el todo por el todo.
Luis Torres Rodríguez
C.I.170325765-7
Presidente de Fundación Avanzar