Tomada de la edición impresa del 18 de julio del 2008

Cartas al director

 

Atención primaria de salud


¿Algún ecuatoriano se puso a pensar qué trágicas consecuencias hubiéramos tenido que pagar si el Sistema Nacional de Salud hubiera colapsado, arrastrado por la mayor crisis de inestabilidad política a lo largo de 10 años?

El impacto habría sido brutal y de consecuencias funestas. No es por suerte que no caímos en esos abismos. Gracias a un plan estratégico largamente trazado, el sistema siguió funcionando y brindó atención a todos en muchos aspectos. Se compensó así el tremendo impacto de las circunstancias críticas y económicas que heredamos.

Esa supervivencia y posterior vigorización del Sistema Nacional de Salud tuvo su máximo puntal en la declaración de emergencia de la Red de Servicios de Salud del Ministerio de Salud Pública (MSP).

Desde un principio, se priorizó la Atención Primaria de Salud (APS), eje fundamental del Plan Nacional de Salud.
Las actividades de promoción y prevención obtuvieron una asignación creciente de recursos cuya estrategia avanzará progresivamente hacia la descentralización en forma sistémica y organizada.

Nuestro norte debería ser la APS porque la entendemos como una estrategia para los problemas de salud-enfermedad, en la atención de las personas y del conjunto social. Considerando, al mismo tiempo, la asistencia, la prevención de enfermedades, la promoción de la salud y la rehabilitación. La APS tiene como misión extender el sistema sanitario a los hogares, y así conocer la realidad social y sanitaria de la población, y mejorar la comunicación del individuo y su familia con la medicina moderna.

La APS implica el “cuidado de la salud”, noción mucho más amplia e integral que la palabra “atención”. Mientras que la “atención” (o asistencia) es vertical, asimétrica y casi nunca participativa en su sentido social. El “cuidado” implica relaciones horizontales, simétricas y participativas.

El cuidado requiere de instituciones y personas que se propongan lograr el más alto nivel de salud posible para la población o grupos vulnerables; que defina las acciones y recursos; así como también las tareas que deben asumirse para alcanzarlo. Este liderazgo por fin lo asumió ya el MSP.

Por ello y como médico sanitarista, veo que no sólo se quiere cambiar el sentido de la historia, sino que se pretende recuperar 40 años de historia. En salud no se puede trabajar por separado, al hacerlo, perdemos todos.


 

Dr. Pablo Izquierdo Pinos
 

Médico Pediatra-Master en Salud Pública

Universidad de Buenos Aires, Argentina 

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