• 31 Mar 2012
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  • Zonas rurales afectadas por las inundaciones invernales

    En Guayas, los agricultores aseguran que han perdido todo, mientras que en Babahoyo la situación continúa crítica.

    Redacción Actualidad

    “El agua nos da, el agua nos quita”, dice Francisco Barzola, uno de los miles de campesinos del Litoral ecuatoriano   que se les fue “todo a pique” y claman a Dios para que termine este temporal, que es el más fuerte en el país desde 1998, que ha dejado hasta el momento 24 muertos y cuantiosas pérdidas.

    “Estamos sufriendo con esta agüita que Diosito nos manda y que llega al cuello”, agrega el anciano en el caserío Los Compadres, de la provincia del Guayas.

    Mientras pastorea dos caballos a la vera de la vía a Guayaquil, Barzola cuenta que perdió “todo por las lluvias que caen desde enero”, provocando que viviendas y cultivos quedaran anegados. “El agua subió hasta 1,20 metros en la zona rural y los daños son incalculables. Las inundaciones fueron generalizadas en Calceta”, declaró el alcalde de la localidad, Ramón González.

    Las actuales lluvias no están relacionadas con el fenómeno de El Niño, sino por el “desprendimiento de un sistema atmosférico debido a la influencia de la humedad”, explicó Alejandro Terán, técnico del Instituto de Meteorología e Hidrología (Inamhi).

    Vastas zonas del Litoral están inundadas por el temporal, que deja cerca de 80.000 afectados y damnificados, diez muertos y 186 viviendas destruidas en seis de las siete provincias en emergencia, según la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos.

    Las precipitaciones, que afectan a otras provincias con 14 fallecidos más, han causado la pérdida de 34.000 hectáreas de sembríos y la afectación de 9.000 hectáreas adicionales de arroz y maíz.

    “Vivimos a pellizcones (ajustados)”, señala Agustina Paredes, de 38 años y a cargo de cuatro hijos y una sobrina discapacitada a quienes sostiene con un bono de 35 dólares que recibe, mensualmente, del Gobierno.

    Su vivienda de caña guadua y madera quedó aislada en la margen izquierda del río Daule, cuyo desbordamiento cubrió el poblado de Salamina (Guayas).

    “Se me ahogaron gallinas y patos. Las familias perdieron todito, algunas más de 2.000 dólares en pequeños cultivos”, relata la mujer que regresó a su casa por temor a los “ladrones, que no respetan ni cuando se está en desgracia”. El agua le da hasta las rodillas, pese a que ya ha descendido.

    A un costado se ve otra morada como una isla, abandonada por sus ocupantes y protegida por una imagen religiosa colocada sobre el dintel de la puerta. En Salamina, la escuela, la iglesia y un parque están llenos de  agua pestilente y verdosa, fuente de mosquitos.

    Las tempestades, que seguirán al menos un mes más, obligaron al Ejecutivo a aplazar dos semanas el inicio de clases en la Costa, debido a daños en las estructuras de las escuelas.

    Algunas partes de la vía de acceso a Babahoyo, capital de la provincia de Los Ríos, están anegadas al punto de que con canoas a motor cruzan las pertenencias de los afectados. Allí, los más pobres aprovechan para ganarse algunas monedas ayudando a pasar los vehículos.