Tomada de la edición impresa del 01 de junio del 2008

El petróleo más barato es el que se ahorra

Sergio Sotelo
Periodista vasco radicado en Boston. Escribe como freelance para varias cabeceras de América Latina y España. Los domingos publica en la edición impresa de El Telégrafo una miscelánea de crónicas sobre actualidad y tendencias en los Estados Unidos.


Con el precio del barril encaramado a los cien dólares, la estrategia de Estados Unidos para afrontar lo que muchos analistas consideran la crisis “definitiva” del petróleo pasa -aunque solo sea para ganar algo de tiempo- por conseguir lo que los tecnócratas de Washington denominan la “independencia energética” y promover, paralelamente, el uso de combustibles no fósiles.

A ese doble frente se ha aplicado en los últimos meses la administración de George W. Bush, quien ya hace dos años anunció un espléndido plan de subsidios al etanol made in USA con el que, según dijo en esa retórica de predicador evangélico a la que es tan proclive, pretendía rehabilitar al país de su “adicción” al oro negro.

Con la mira puesta en una fecha tan poco comprometedora para él como el 2025, en un movimiento de inequívoco alcance geopolítico, el mandatario republicano lanzó además la especie de que la potencia del Norte debía reducir en tres cuartas partes las importaciones de crudo procedentes del Golfo Pérsico.

Sin embargo, en el lapso transcurrido desde entonces no hay evidencias de que la receta tenga demasiados visos de resultar exitosa. Pese a los deseos presidenciales, la demanda doméstica se mantiene tozudamente por encima de los 13 millones de barriles diarios (con el detalle revelador de que ni siquiera los precios de récord han logrado desincentivar el consumo).

Muy al contrario, los hechos no parecen sino confirmar la falta de realismo de la actual política energética estadounidense. Ésa es al menos la acreditada opinión de Paul Roberts, quien ha escrito en la revista Mother Jones un demoledor artículo en el que derriba los “mitos” que sostienen el plan anticrisis de Bush.

“A pesar de su enorme atractivo, la independencia energética es una pretensión absurda y populista con muy pocas probabilidades de que ocurra”, ha escrito Roberts en esa publicación independiente, que  goza de un particular predicamento entre las élites de izquierda y los grupos altermundistas norteamericanos.

“No solo porque no existen substitutos para el océano de fuel que importamos”, razona el periodista, autor del libro The End of the Oil, “sino porque los programas de choque propuestos para desarrollarlos, como el del carbón limpio o el de los biodiéseles,  representan un enorme coste político y medioambiental”.

El experto niega de hecho la mayor: la posibilidad de que Estados Unidos, que importa más de la mitad del petróleo que quema, pueda prescindir del suministro extranjero. “El crudo domina la economía y especialmente el sector del transporte, que depende de éste en un  95%”, señala, al tiempo que recuerda al lector lego que “la combinación de densidad energética” y su “fácil manipulación” hace  muy poco plausible encontrarle un sucedáneo.

Mejor que confiarse a cualquier tipo de veleidad aislacionista, el verdadero desafío que habrá de asumir el próximo ocupante del Salón Oval consiste en encontrar “un sistema energético seguro y sostenible” y, sobre todo, en aprender a jugar la baza de la eficiencia.

“Estados Unidos debe esforzarse no por lograr su independencia, sino la seguridad energética, lo que significa garantizar el acceso a fuentes con un coste razonable y que sean seguras”.

Para desconsuelo de lobbystas y abanderados de los diéseles verdes, la verdadera transformación vendrá por vía del simple ahorro, en la convicción de que “ahorrar energía es siempre más barato que producirla”.

“Hay mucho más crudo por encontrar en Detroit diseñando coches más eficientes que el que puede extraerse en la reserva natural de Alaska”, concluye Roberts, en alusión a la meca de la industria automovilística estadounidense y a un territorio ahora protegido pero que las multinacionales petroleras ansían explotar.

Uno de los pocos que les quedan.

Rss
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