24 Jun 2012

La niña que mantiene su decepción tras 2 décadas

En 1992, una infante de 12 años abochornó a Jefes de Estado en Río de Janeiro en un discurso en el que los culpó de acabar con los recursos naturales y de abandonar a los países más pobres.

Severn Suzuki nunca abandonó su activismo ecológico, aunque por un período le dedicó a los estudios su tiempo completo. Luego de obtener su doctorado siguió dando charlas.
Severn Suzuki nunca abandonó su activismo ecológico, aunque por un período le dedicó a los estudios su tiempo completo. Luego de obtener su doctorado siguió dando charlas.

Omar Jaén Lynch

Era una de esas sesiones eternas, de aquellas en las que varios personajes -unos reconocidos mundialmente y otros verdaderos extraños para cualquiera- hablan sin parar mientras la mitad de los asistentes a los que se dirige tienen que usar audífonos para entender lo que se habla a través de la traducción.

Río de Janeiro, esa tierra más que caliente en Brasil, nuevamente era, en 1992, la sede de la Cumbre de Medio Ambiente y Desarrollo “The Earth Summit”, celebrada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), una cita que con el paso del tiempo se ha convertido en un encuentro que sirve para que ciertas potencias mundiales expíen sus culpas por su nocivo aporte a la contaminación ambiental o por la falta de acciones efectivas para lograr el desarrollo de las regiones más pobres del planeta.   

Ese día (el 3 de junio) el ambiente estaba más tenso de lo normal dentro del plenario de la reunión. Aunque la muralla de Berlín había caído, aún habían rezagos de la “guerra fría” en los discursos y posiciones de los bloques europeos.

Mientras Estados Unidos, fiel a su costumbre y tradición, defendía a ultranza su posición de “eje del mundo” y sobre la forma en la que sus habitantes “quieren y tienen derecho a vivir” (versión literal del delegado norteamericano en esa cita), como para “bajar la tensión”, los organizadores de la cumbre decidieron darle el podio y el micrófono a una “inocente” niña. De inmediato, los rostros de los diplomáticos en la escena se relajaron al ver a la tierna menor que -de seguro- les hablaría, por no decir agradecería, por todos los esfuerzos que estaban haciendo  por rescatar al planeta.

Nada más lejos de la verdad. Lo que se presentó frente a decenas de Jefes de Estado fue una pre-adolescente de 12 años llamada Severn Cullis-Suzuki que tenía preparada una “bofetada” para la ONU.

Su discurso, que duró 6:32, arrancó aclarando que ella no estaba sola. Otros representantes de la Organización Infantil del Medio Ambiente (ECO, por sus siglas en inglés) no mayores de 13 años  habían recaudado fondos y recorrido más de cinco mil millas -desde su natal Canadá- para estar en Río, para “decirles a ustedes, adultos, que deben cambiar su forma de actuar. Al venir aquí hoy, no tengo segundas intenciones. Lucho por mi futuro”.

Los asistentes debían agarrarse bien de sus asientos porque los siguientes minutos no les serían para nada cómodos (las cámaras de televisión se encargarían de registrar las muecas  de más de uno en la sala). Luego de su conmovedora entrada, Severn explicó a los presentes que “perder mi futuro no es como perder unas elecciones o unos puntos en el mercado de valores. Estoy aquí para hablar en nombre de todas las generaciones por venir. Estoy aquí para hablar en defensa de los niños hambrientos del mundo cuyos llantos siguen sin oírse”.

Sus siguientes citas fueron las más impactantes, tanto que para esos momentos la sala volvió a tener más aforo que antes de que llegara al podio. “Soy solo una niña y no tengo soluciones, pero quiero que se den cuenta: ustedes tampoco las tienen.

No saben cómo arreglar los agujeros en nuestra capa de ozono. No saben cómo devolver los salmones a aguas no contaminadas. No saben cómo resucitar un animal extinto. Y no pueden recuperar los bosques que antes crecían donde ahora hay desiertos. Si no saben cómo arreglarlo, por favor, dejen de estropearlo”.

Posteriormente envío duras críticas contra las grandes potencias, incluido su propio país, por “derrochar” los recursos. De la misma forma, confesó cómo en un encuentro con niños de la calle en Copacabana se dio cuenta de que a diferencia de su infancia feliz en Canadá, hay miles que sufrían por una migaja de pan diaria. 

“En la escuela, incluso en el jardín de infancia, nos enseñan a comportarnos en el mundo. Ustedes nos enseñan a no pelear con otros, a arreglar las cosas, a respetarnos, a enmendar nuestras acciones, a no herir a otras criaturas, a compartir y a no ser codiciosos. Entonces, ¿por qué fuera de casa se dedican a hacer las cosas que nos dicen que no hagamos?”, continuaba sin cesar la menor ante una sala, ya casi llena, a la que sus asistentes solo le quedaban ver hacia otro lado o asentar con la cabeza cuando una cámara de televisión los enfocaba.

Las palabras de Severn se hacían, con el pasar de los minutos, un poco más complicadas de entender por las notorias ganar de llorar. Sin embargo, un respiro hondo le permitió dar el último zarpazo a la sala: “Bueno, lo que ustedes hacen me hace llorar por las noches. Ustedes, adultos, dicen que nos quieren. Los desafío: por favor, hagan que sus acciones reflejen sus palabras. Gracias”, fueron las palabras finales que salieron de esos trémulos labios. Se alejó del micrófono, bajó del podio y no miró a nadie hasta perderse de la vista de todos los presentes.

20 años después y el desafío nunca fue cumplido

Severn Cullis-Suzuki fue aclamada por grupos ecologistas luego de su osada intervención ante la ONU. Un año después de ese “castigo moral” a los mandatarios publicó un libro de 32 páginas  llamado “Dile al mundo” que contenía recetas ambientales para la aplicación dentro del hogar. Si bien siempre se mantuvo activa en su labor ecologista, prefirió volcarse de lleno hacia los estudios.

En 2001 se graduó en la Universidad de Yale de licenciada en Ecología y Biología Evolutiva, la carrera que siempre la apasionó y en 2003 obtuvo un posgrado en Etnobotánica. Sin dudas, lo “verde” lo lleva a la sangre, como lo confesaría en el sinnúmero de charlas y conferencias a las que ha sido invitada desde aquella jornada en 1992.

Cada vez que diplomáticos, reyes y presidentes se reúnen todos los años en Río para hablar de “Desarrollo y Sostenibilidad” el nombre -o al menos la imagen- de Suzuki aparece en escena. Pero a diferencia de años anteriores, en este 2012 ella regresó a Río para ver los avances a los que había comprometido a los “hombres importantes” hace 20 años. “¿Qué pasó a lo largo de estos años? Nada. No estamos ni cerca de la sociedad que necesitamos”, dijo la  especialista ecológica.

Severn -ahora madre de  dos niños, Ganhlaans de 2 años y Tiisaan de 5 meses- no esconde su decepción por lo ocurrido. A pesar de que sus palabras aún retumban en aquella ciudad carioca, poco o nada ha cambiado. Sin embargo, se niega a dejar su lucha por el medio ambiente.

Y no lo hará por una razón muy similar a la expuesta aquel 3 de junio de 1992: “Yo no puedo permitirme perder la esperanza, pues tengo dos hijos y haré todo para que ellos tengan un futuro mejor”.

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