• 20 Feb 2012
  • 8
    Sociedad
  • Visitas: 3792
  • Mujeres islamitas ecuatorianas viven con alegría su religiosidad

    Las jóvenes convertidas al credo de origen musulmán decidieron acoger estas creencias por la prioridad que se da a la esencia espiritual antes que a las costumbres superficiales.

    Más de veinte mujeres de distintas partes del país se congregaron por primera vez en la mezquita Jesús, en Guayaquil, para intercambiar sus conocimientos sobre libros sagrados del islam, tales como el Corán. Foto: José Morán | El Telégrafo
    Más de veinte mujeres de distintas partes del país se congregaron por primera vez en la mezquita Jesús, en Guayaquil, para intercambiar sus conocimientos sobre libros sagrados del islam, tales como el Corán. Foto: José Morán | El Telégrafo

    Redacción Guayaquil

    Rasha Khalid es una ambateña de 23 años que dedicó casi la mitad de su vida a sostener que no existían deidades a las cuales rendir pleitesía. Pese a haber tenido una educación netamente católica, desde los 12 años prefirió enraizar sus creencias en el ateísmo.
    “Llegué a pensar que la religión era como una superstición y que fue el humano el que inventó a Allah (palabra usada en el islam para referirse a Dios)”, comentó Rasha.

    Desde hace varios días, la joven participa del Primer Congreso Islámico Nacional Femenino que convocó a decenas de mujeres de varias partes del país en la mezquita Jesús, del Centro Islámico Al Hijra, de Urdesa Central.

    En el lugar, el ambiente es de camaradería pese a que muchas de las damas presentes tan solo se conocen a través de conversaciones en redes sociales como Facebook.  

    Según los propios fieles del islamismo en Ecuador, los adeptos a este credo ni siquiera alcanzan el 1% de la población. El número de mujeres practicantes es también bastante reducido: 180.      

    Sin embargo, esta realidad no incomoda a Rasha ni a las otras señoritas y señoras que engalanaron la mezquita Jesús luciendo abayas (vestimenta de la cultura Islam que cubre todo el cuerpo) en colores pasteles, y blanco y negro. 

    20-02-12-sociedad-arabe2Ella apenas tiene un año dentro de la fe de origen musulmán. “Vivimos en un mundo preocupado de la existencia de la vida, de Allah, sobre antagonismos y divergencias... un mundo caotizado por muchos escritos simplemente humanos”, manifestó Rasha.

    La joven, estudiante de Derecho, abrazó el ateísmo precisamente porque, hasta hace poco, ningún credo le había mostrado con tanta claridad las razones del por qué y para qué el hombre y la mujer estaban en el mundo, hasta que conoció el Corán -el libro sagrado del islam-.  

    “El mundo aún no conoce la verdadera divinidad de Allah, estamos aletargados en acciones que solo se fijan en las costumbres y no en la razón”, afirmó Rasha, quien hizo una analogía de similitudes entre la vestimenta musulmán y otavaleña.  

    Significado del nombre

    Las ecuatorianas que practican el islamismo tienen la opción de adoptar una nueva denominación o nombre acorde con sus requerimientos espirituales. Rasha Khalid, por ejemplo, significa “Gacela inmortal”.

    Rasha, por cuenta propia y utilizando sus conocimientos en reglamentos y estatutos, decidió legalizar el apelativo. 
    El acogimiento del nombre, en la mayoría de los casos, es simbólico. Maryam Lathifah, oriunda de Quito, también criada en el catolicismo, se sintió atraída hacia el islam por fe. “Creo que la mayoría de nosotras hemos estado buscando una forma correcta de adoración”, aseguró.

    Su nombre significa “Dama gentil”. Maryam no reniega de su antiguo credo, de hecho, llegó a ser misionera en el colegio La Providencia, en su ciudad natal. 

    En su búsqueda de lecturas en Internet, hace más de tres años, se topó con el hiyab -código de vestimenta femenina islámica que establece que debe cubrirse la mayor parte del cuerpo-.

    “Me atrajo el concepto de que la mujer debe ser valorada por su esencia y no por su físico; no es necesario mostrar el cuerpo para alcanzar un estatus social, político o económico”, comentó Maryam, contadora de profesión, quien actualmente está por concluir su carrera de Ingeniería en Finanzas en la Universidad Central. 

    Su nueva denominación, explicó, obedece a un renacimiento espiritual. “La nueva vida es como un libro en blanco que recién comienza a escribirse”, aseguró Maryam.  

    Comunidad incluyente

    Las damas islamitas consideran que su credo es bastante incluyente en cuanto al origen de las personas. Solo el 15% de los musulmanes son de origen árabe y el 85% son comunidades de distintas partes del mundo.     

    Sin embargo, acoger en Ecuador esta religión resulta un poco más conflictivo y solitario. Pese a que existen mezquitas en Quito y Guayaquil, hay mujeres que practican su fe en forma individual dentro de sus ciudades de origen.    

    Sol Qamariyah es nacida en Manta. Hace 4 años decidió adoptar la religión musulmana, pero eso no fue bien visto dentro de su familia. “Hasta la fecha, tengo parientes que insisten en conversarme sobre cristianismo y la salvación a través de Jesús (que dentro del islam es considerado solo un profeta), aseveró Sol. 

    20-02-12-sociedad-arabe1Sus amigos, por el contrario, la han aceptado pese a su conversión. “Me hacen preguntas sobre el Corán, durante las reuniones compartimos impresiones sobre este y otros temas de actualidad”, comentó Sol, quien, hasta donde conoce, es la única manteña que practica el islam.

    Pese a sus creencias, que dan prioridad al espíritu por sobre las cosas frívolas, las mujeres que se reunieron en la mezquita Jesús no rehúyen a encuentros sociales y salidas al cine.    

    Sin embargo, existen condiciones. “Si los encuentros incluyen bebidas alcohólicas, no vamos”, indicó Sol. Mientras que las preferencias cinematográficas son variadas, en tanto no incluyan violencia extrema. “Nos sabemos divertir y pasarla bien”, dijo sonriente Sol. “No por ser fieles creyentes de Allah y preferir vestirnos con abayas somos aburridas”.  

    Las opciones de comidas y bebidas también son variadas y no le piden ningún favor a la cocina occidental. Entre los bocaditos que degustaron las asistentes al encuentro habían empanadas y tartaletas rellenas con una mezcla dulce hecha de pasta de almendras, azúcar y cáscara de limón. 

    En el desayuno se sirvió a las damas un yogur mezclado con oliva y yerbabuena, denominado laban; una ensalada llamada humus, que contenía garbanzo, ajo, sal, limón y salsa de ajonjolí; pan pita (pan árabe), entre otros alimentos.

    Durante la semana en que se desarrolló el encuentro, que culminó ayer al mediodía con un almuerzo, las ecuatorianas tuvieron la oportunidad de observar documentales sobre su credo.  

    Además, recibieron la visita de líderes religiosos como Ismael Albaseri, de Kuwait, quien, con ayuda del traductor Abdelkrim Famri, de Marruecos, dirigió unas palabras a las asistentes. 

    Jannah Hafsa, de Machala, comentó que, a diferencia de otras religiones que tienen cúpula (como arquidiócesis), dentro del islam solo existen líderes. “Son personas que han estudiado los libros sagrados durante toda su vida... aunque tampoco existe quien pueda decir que conoce la totalidad de estos textos”, afirmó Jannah.

    Un asunto que limita la difusión del islam son las condiciones que existen para buscar parejas: mientras que un musulmán puede buscar a una mujer de cualquier religión, las damas convertidas al islam pueden contraer matrimonio solo con musulmanes.   

    Estos deberes tampoco parecen molestar a las ecuatorianas que profesan este credo. Por el contrario, dan prioridad a buscar la excelencia espiritual a través de la lectura del Corán y el amor a Allah... y a donde quiera que vayan tienen un saludo que nunca ocultan: Assalam Aleykom (que la paz sea contigo).