• 28 Jul 2011
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  • Los pobres también disfrutan con su “Mundialito” en Cuenca

    El certamen de indorfútbol es uno de los más antiguos del país. Se juega bajo el formato que se implementa en la cita ecuménica. Treinta y dos equipos son divididos en grupos de ocho

    Andrés Carpio Guevara

    El campeonato más importante de indorfútbol a nivel nacional, el Mundialito de los Pobres, inició su trigésima séptima edición  en el coliseo Jefferson Pérez. Los mejores indoristas de Cuenca lucharán durante un mes por alzarse con el trofeo, una réplica del que se entrega en la cita ecuménica.

    El  griterío de la gente,  más el colorido uniforme de los equipos y la belleza de las madrinas dieron un ambiente festivo al escenario en horas de la noche.

    Cerca de 3.000 personas observaron con emoción el programa inaugural (se prevé que por partido la asistencia sea de 8.500 aficionados) que inició con el  desfile de los 32 equipos representantes de una parte de los barrios tradicionales de Cuenca. De a poco los silbidos eran más sonoros con el paso de las madrinas que eran observadas con detenimiento, sobre todo por el aficionado masculino.

    En medio de aplausos y cánticos  se eligió a Tania González -madrina de la ciudadela Calderón- como la  señorita Amistad Club. Además, el uniforme negro y blanco de Cristo Salvador fue premiado como el  mejor del torneo.

    La formalidad finalizó y la acción en el rectángulo de juego comenzó. Los partidos de El Vergel vs. El Vado (4-2) y Cristo Rey vs. Las Américas (3-3) agradaron a la gente con lo demostrado en su debut. 

    El clásico “uff”, al no concretar los goles y  las palabras  de grueso calibre que no faltan en contra de los protagonistas, se escucharon desde el inicio.

    Este certamen se caracteriza porque  presenta a los talentos más desequilibrantes del indor y, además,  los dirigentes invierten fuertes sumas de dinero para incentivar a sus jugadores con sueldos y premios por partidos ganados. 

    Muestra de aquello es el monarca de la edición 2010, San Marcos, que mantendrá para este año la base del anterior en un 80%, ya que contrató a dos nuevos jugadores. “En esta temporada tenemos un presupuesto de $2.000. Ahorramos el dinero que obtuvimos el año pasado como premio por haber sido campeones”, señaló Wilson Álava, directivo de los campeones.

    Miles de historias se han escrito desde el inicio del primer torneo que se disputó en 1969. En esas épocas los elencos participantes, pertenecían a clubes de Cuenca, como el Inter, el equipo del magisterio, entre otros. En ese entonces el evento era organizado por Federación Deportiva del Azuay y aún no adquiría el nombre de Mundialito de los Pobres.

    Para los inicios de la década de los 70, y ya contando como organizadores a la Amistad Club, el campeonato adoptó el nombre actual, gracias a la iniciativa de los aficionados. “Decían que mundialito, porque tiene el mismo formato del Mundial de selecciones, es decir con 32 equipos divididos en 8 grupos, de ahí se vienen octavos, cuartos, semis, final; y de los pobres, porque es en vacaciones y la gente que no tiene dinero para salir, se distrae viniendo al indor”, recordó Patricio Astudillo, periodista deportivo que ha seguido todos los torneos.

    Una de las glorias del primer campeonato fue Hugo Barrera, ex futbolista del D. Cuenca y de la selección  nacional. Según contó “Vitalac” como se apoda al ex volante, el Mundialito fue la plataforma para luego llegar al profesionalismo.

    “Jugué indor aquí y  las cosas se facilitaron para luego en el fútbol profesional. En la actualidad hay algunos cambios, antes no se cobraba para jugar y no existían refuerzos de otros clubes, ahora se  hace todo lo contrario”, acotó.

    Pero no solo es el talento dentro de la cancha  lo que atrae a los aficionados. La comida es un valor agregado al espectáculo deportivo,  por eso en  los alrededores del rectángulo es común observar a decenas de personas que satisfacen su paladar con los populares: secos de pollo, carne y guatita.

    “Vendemos todo lo que preparamos”, contó Lorena Ochoa, que ha heredado la sazón de su madre, Piedad Berrazueta,  quien es una de las vendedoras de alimentos más antiguas en el certamen.
    “Aquí tenemos de todo, menos drogas”, dijo sonriente una comerciante conocida como la “Niña Paca”, que ofrece salchipapas y papipollo.