Tomada de la edición impresa del 03 de noviembre del 2009

Proyecto busca la nutrición de niños de Bastión

Los pequeños de la escuela Cosme Renella reciben el desayuno escolar a base de leche de soya. | FOTO: José Morán / El Telégrafo

FOTO: José Morán / El Telégrafo

Los pequeños de la escuela Cosme Renella reciben el desayuno escolar a base de leche de soya.

Los productos a base de soya son la fuente para superar la anemia y la deficiente alimentación.


 
Cuando el reloj marca las 8:00, de lunes a viernes, cerca de 1.200 alumnos de 5 escuelas comunitarias - particulares, ubicadas en la Perimetral Norte, reciben un desayuno escolar a base de leche de soya, producto que los ayuda a combatir la desnutrición crónica y anemia que se les diagnosticó.


A 1.000 infantes se le practicaron pruebas de laboratorio,  resultando el 56% con  problemas de salud.


Ellos fueron evaluados en junio de este año, por 20 enfermeras de la Universidad Brigham Young, de los Estados Unidos, que llegaron al país para colaborar con la corporación Hogar de Cristo, determinando que los padecimientos (ver recuadro) derivan de su mala y escasa alimentación.


Los pequeños tenían baja estatura, delgadez extrema y otros síntomas, lo que repercutía en el rendimiento escolar, ya que se quedaban dormidos, explica Ana Mariño, responsable del proyecto por parte de la corporación.


“Antes se nos dormían en plena clase”, recuerda Miriam Posligua, directora de la escuela comunitaria Cosme Renella, ubicada en Bastión Popular, donde se beneficia a 380 niños   con el proyecto piloto “Vaca mecánica”.


Desde hace 5 meses, ellos reciben  leche de soya saborizada -frutilla, vainilla, chocolate- que les provee el Club Rotario, bizcochos que  hacen dos panaderías comunitarias o cake a base de banano, de Inalecsa, entidades que redujeron sus costos de venta para ayudar al plan.

 

    1.200
infantes de 5 escuelas, ubicadas en la Perimetral Norte, reciben el aporte alimenticio


En la escuela Senderos de la Flor se benefician 170 alumnos, entre ellos está Nelson Martínez, de 8 años, estudiante de 4º año de básica, a quien le gustan los alimentos que recibe y los espera con ansias todas las mañanas.  Él comenta que en su casa desayuna agua de canela y un pedazo de pan.


Esa realidad fue confirmada por Emilia Sánchez, directora del plantel, al asegurar que los estudiantes de la escuela pertenecen a familias de escasos recursos.


“Al principio a ellos se les hizo difícil tomar la leche de soya, pero ya se han adaptado. Lo que reclaman todos los días es el desayuno y, activamente, ahora los niños están mejor, porque han subido de peso y rinden en clase”, dice Sánchez.


Ese dato fue confirmado por una evaluación que se realizó a los estudiantes, donde se confirmó que el 10% ha aumentado de peso, al ganar un promedio de 2 libras, destaca Mariño.


Por su parte, Aracely Cirino, madre de Iris, Britany y Heidy Zambrano, de 5º, 3º y 1º de básica de la Cosme Renella, en ese orden, calificó de excelente el proyecto que le permite a sus hijas nutrirse, subir de peso y mejorar en sus calificaciones.

 
“Nos han enseñado que debemos darles de comer legumbres, frutas, nada de comida chatarra, para obtener buenos resultados”, menciona Cirino. En cambio Mery Gómez, avergonzada, reconoce que a veces no tiene recursos para dar de comer a su hijo, Kevin Montoya, por lo que se alegra que lo alimenten en la escuela Cosme Renella. 


El proyecto se ejecuta a través del aporte económico de Fybeca -US$ 138.000-, entidad que buscó auspiciar un programa de salud en sectores vulnerables, señala Agustín Maspons, gerente regional. Parte del dinero viene del aporte de los clientes al programa “Con tu vuelto ha vuelto la esperanza”.


No obstante, también se invierte en la adecuación del centro de distribución, donde se instala “Vaca mecánica”, un equipo donado por el Club Rotario para que Hogar de Cristo elabore sus propios productos, no solo la leche de soya, sino croquetas y otros a partir del gabazo. La capacitación es brindada por técnicos de la Espol, quienes   enseñan el manejo de la máquina y la producción.


Esto, dice Mariño, permitirá reducir los costos y llegar a más infantes necesitados, a la vez que  ofrece trabajo a sus socias microempresarias.


También se benefician los alumnos de las escuelas Colinas del Sinaí y Ciudad de Israel. Desde septiembre, cerca de 340 infantes de la escuela Sebastián Landeta (Sebitas) reciben este beneficio auspiciado por Pacificard.


Los niños son desparasitados y reciben atención médica en los centros de salud de Hogar de Cristo.

María Janeth Avendaño
mavendano@telegrafo.com.ec
Reportera - Guayaquil