Sobre la regulación de los medios (I)
Héctor Chiriboga
Licenciado en Sociología por la Universidad de Guayaquil (1990), Diplomado en Estudios Amerindios (1994). Docente en la carrera de Comunicación de la U. Católica.
hchiribogalban@yahoo.com
Lo de Teleamazonas abre la posibilidad de discutir de manera seria e informada sobre la libertad de expresión y otros conceptos. Nos compete como sociedad: los ciudadanos informados, las universidades, ONG´s, el sistema educativo público y privado, etc., tenemos que hablar sobre un tema que nos ha convocado desde antes de ahora. Criticábamos el entretenimiento burdo y la calidad de la información convertida en mercancía para el corazón y las tripas y no para pensar.
Sin embargo, no fuimos muy eficaces en nuestra crítica. Por ejemplo, nuestros intentos de observar de manera académica a los medios se estrellaron con la realidad: a estos no les interesa que alguien pueda decir algo crítico sobre su trabajo. Por otro lado, creo sinceramente que en algunos ámbitos institucionales se sopesó lo que podía significar “meterse” con los medios, al fin y al cabo es a ellos a donde van los estudiantes a realizar sus prácticas.
No fuimos capaces de enfrentar con éxito el dicho que los medios y los promotores del mercado sin regulación manejan: si no le gusta cambie de canal o no compre ese diario, que equipara las noticias a una lata de atún. Para este tipo de razonamiento la sanción está en manos del consumidor. Pero resulta que, incluso en el caso de la lata de atún, el consumidor tiene la opción de actuar como ciudadano y exigir que se respete su derecho, ante una instancia pertinente y calificada.
Estamos orillados a decidir entre aquellos que defienden su negocio apelando a la defensa de la libertad de expresión y los otros que con criterio más judicial que técnico, conceptual o político intentan regular una actividad, que debe ser objeto de continua observación crítica por los ciudadanos.
Los medios, ¿son capaces de sacar alguna lección? Incluso cuando todo esto está sucediendo, son incapaces de salirse de su esquema mercantil sensacionalista. Lo que observamos son las imágenes de los protestantes y sus carteles. Dan por sentado que el reclamo de los empleados y sus familiares es justo: la democracia y la libertad de expresión están amenazadas. No pueden cuestionar sus presupuestos. Es difícil que de ellos provenga un debate serio. Del otro lado no está claro el sentido, político o conceptual de la posible medida.
Como ciudadanos no perdamos esta oportunidad de aportar por fuera de esta dicotomía.