Experiencias en la Metrovía
Héctor Chiriboga
Licenciado en Sociología por la Universidad de Guayaquil (1990), Diplomado en Estudios Amerindios (1994). Docente en la carrera de Comunicación de la U. Católica.
hchiribogalban@yahoo.com
Escuchamos en la radio que “En Guayaquil el transporte está en marcha”, a propósito de la nueva ruta Metro Bastión. Todo resulta muy positivo, bonito y llamativo. Las estaciones (las que están terminadas) nos hablan de lo más y lo menos: más barato, menos tiempo, más seguro, menos contaminación. Retórica contable que apela a una especie de mente de comerciantes que, supone algún marketero, poseemos las mayorías de esta ciudad.
Mis costumbres y recorrido han variado: salgo más temprano, camino por la avenida y cruzo el puente, hasta la estación de la iguana. El semáforo se vuelve eterno y me indica que la prioridad la tienen los automóviles: antes de llegar a la acera de la estación, la luz roja parpadeante me indica que debo apresurarme y si no, siempre hay un diligente miembro de la CTG dispuesto, no a detener el tránsito para que cruce seguro sino a apresurarme para que el tránsito no se atasque.
Llega el articulado y observo la grasa de manos y rostros en los vidrios de puertas y ventanas: estamos apretados…por suerte me bajo en dos paradas y a esa hora (las 06:45) el frío amortigua el exceso de calor humano. Una señora mayor observa, muy segura, que el motivo del apretujamiento es que “…la Metrovia es gratis esta semana, y por eso hay gente…la próxima semana no habrá tanto pasajero porque empezarán a cobrar…”. Desde el fondo del autobús vino la respuesta: “CALLA VIEJA PENDEJA!!!”, seguida de una risa general de todos los “aprovechadores” de la generosidad de la Corporación. Pareciera que, en medio de la discusión inexistente entre autoridades y usuarios sobre el servicio, sus principios, motivaciones y fallas evidentes, lo que queda son estas escaramuzas con los ciegos convencidos de la obra municipal que no pueden ver lo evidente: viajamos como ganado y a eso le llaman progreso y buscan exhibirlo ante el mundo como símbolo de adelanto…y a veces lo logran. Es un escándalo, no tanto las fallas del sistema (no vamos a enumerarlas pues son muchas) sino la manera como se intenta reducir el problema a una cuestión de adaptación, culturización, educación, disciplinamiento en otras palabras. Pero es un escándalo sin mucha bulla…porque al final terminaremos acostumbrándonos al ritmo de “soy un hombre divertido”, al hacinamiento, al calor, a pagar más y salir más temprano.
“En Guayaquil el transporte está en marcha”.