Artistas ecuatorianos, que no pudieron darse a conocer en su país natal, han despuntado en países como España y EE.UU. Ya lo dice el refrán...
Diego Fajardo, Marcos Bermúdez y Paulina Aguirre tienen algo en común: son ecuatorianos y triunfan en sus respectivas carreras, pero ninguno en su país de origen. Y hay algo más, ese triunfo lo consiguieron en “tierra ajena”, tras dejar un pasado que, para ellos, no fue exactamente mejor.
El primero es protagonista de una serie española de televisión, el segundo ganó un Grammy (el máximo premio musical al que un artista puede aspirar), y Aguirre también registra dos postulaciones además de haber obtenido precisamente este galardón, el pasado jueves.
Como la historia de Diego, Marcos y Paulina, hay más. Unas, llenas de obstáculos. Las de gente soñadora que algún día se embarcó en la aventura del migrante.
Son también las experiencias del productor musical Pablo Aguirre, de los actores Wills Cangá y Viviana Espinoza, y quién sabe de cuántos otros ecuatorianos que tienen acogida lejos del país que los vio nacer.
Diego tiene 23 años, de los cuales seis lleva en España. El actor guayaquileño reconoce que su llegada a suelo ibérico no fue fácil. “Fue como la de cualquier otro migrante”, recuerda con un híbrido de su acento natal con el de España, que incluye el “vale” a lo largo de su conversación.
Nacido el 18 de septiembre de 1986, Diego cuenta que los primeros años en España los pasó junto con su padre, Erasmo, en una finca.
“Fue en Olesa de Monserrat, un pueblo que queda a unos 40 kilómetros de Barcelona. Ahí limpié coches, corté montes que eran más altos que yo. Nos explotaban mucho. Incluso estuve cerca de tirar la toalla. Yo siempre quise convertirme en actor, desde que tenía 14 años”, recuerda el artista que ahora es protagonista de la obra teatral El enemigo de la clase y la serie televisiva Hospital Central, una serie semejante a las estadounidenses ER y Hospital General.
Pese a esos contratiempos, Diego se inscribió en la Idep (Escuela de Imagen y Diseño) y luego en la Escuela de Séptimo Arte para Cine y TV, en Barcelona.
“Ahí conocí a Esther Pou, quien es la gerente de este instituto y con el paso del tiempo se convirtió en mi representante. Cuando me inscribí pensaba estudiar actuación. Pregunté si la escuela era para cine y me dijeron que sí. Durante 10 meses me dieron clases de cámaras, iluminación, montaje, sonido, guión y producción, menos de actuación. Muchos me dicen que empecé al revés”, dijo durante su última visita a su ciudad de origen, en enero pasado.
Admirador del actor español Javier Bardem y el director Alejandro Amenábar (ambos de la galardonada película Mar adentro), Diego encarna a Waldo Jaramillo, un joven doctor en Hospital Central.
Recuerda con gracia cómo se le burlaban sus amigos cuando les decía que estudiaba música y no una carrera tradicional
“En la grabación del piloto para la serie fui un estudiante porque mi rostro era muy juvenil como para interpretar a un médico”, revela el actor, quien se pone en la piel del problemático Chanas en El enemigo de la clase.
La historia de Marcos Bermúdez data de hace 26 años. Nacido en Portoviejo hace 48 años, viajó a Nueva York (Estados Unidos) como integrante de la orquesta Los Profetas (claro que sin imaginar que 23 años después sería un “profeta en tierra ajena”, como dice la popular expresión.
Bermúdez, quien hace tres años ganó un premio Grammy como uno de los vocalistas de la Harlem Spanish Orchestra, recuerda que en mayo de 1984 había llegado con la ropa enlodada al entonces aeropuerto Simón Bolívar (ahora José Joaquín de Olmedo). “Lo que debía ser un viaje de tres horas desde Portoviejo hasta Guayaquil se convirtió en uno de 17 horas porque hubo un deslave. Estuvimos a punto de perder el vuelo”, recuerda el cantante y percusionista manabita, quien compartió protagonismo en esa orquesta con el mismísimo Rubén Blades.
Con el salsero panameño grabaron Across 110th street, que obtuvo el codiciado Grammy frente a Gilberto Santa Rosa, Marc Anthony y Víctor Manuelle, los otros aspirantes en la categoría de mejor álbum tropical del año.
Paulina Aguirre tiene una historia parecida. Quiteña y residente en Los Ángeles (Estados Unidos), desde hace seis años, también puede jactarse de dos nominaciones al mismo galardón y figurar como la primera ecuatoriana en haberlo ganado -en solitario-, el jueves pasado, en la décima entrega del galardón por su disco cristiano Esperando tu voz.
La ex integrante del grupo Contrapunto reconoce que fue un riesgo viajar a un país extraño con la idea de convertirse en una conocida cantante. “Decidí jugármela, acá ya no había más que hacer, pese a que me negaron varias veces la visa estadounidense”, afirma la artista, quien ahora recuerda con gracia cómo se le burlaban sus amigos cuando les decía que estudiaba música y no una carrera tradicional en la Universidad San Francisco de Quito.
Su suerte fue encontrarse con Pablo Aguirre, a quien había conocido en Quito tres años antes de emigrar a Estados Unidos. Él, un productor que había trabajado con Miguel Bosé, Luis Miguel, Armando Manzanero, Marco Antonio Solís, y otros, se animó a grabar dos discos con Paulina. La química fue tal que terminaron casándose. La ex actriz de doblaje infantil para la cadena Univisión ha logrado que sus álbumes Esperando tu voz y Mujer de fe (ambos de corte cristiano, pero en género pop) sean reconocidos por la Academia que califica los trabajos para el Grammy.
Su esposo Pablo, quien se asentó hace 23 años en Los Ángeles, Estados Unidos, con el fin de estudiar música, confiesa que cuando vivía en Ecuador soñaba con conocer a Armando Manzanero y a Juan Carlos Calderón, un reconocido productor español. Eso sucedió en Estados Unidos. Pero no solo los conoció, sino que llegó a trabajar con ellos y aún mantiene el contacto.
De hecho su producción Cuando me vaya de aquí, interpretada por Paulina Aguirre (su esposa) y Armando Manzanero, recibió el Premio ARPA en la categoría “Mejor canción en participación”, el pasado 23 de octubre.
El productor musical, que actualmente está trabajando en el tercer disco de su esposa y en la producción del artista quiteño Daniel Páez, confiesa que apostarle a su sueño de hacer música ha sido la mejor decisión.
“No me veo haciendo algo fuera de la música. Gracias a Dios tuve la oportunidad de estudiar, desarrollar el talento y haberme relacionado con gente del medio”, señala el músico que realizó estudios en Dick Grove School of Music, KIP (Keyboard Instruction Program), CAP (Composing and Arrangin Program) y orquestación de forma particular.
El productor quiteño indica que lo mejor que le ha pasado ha sido trabajar junto con su esposa Paulina, y poder llevar el evangelio de Cristo a través de la música.
“No solo hemos tenido satisfacciones en la carrera artística, sino que hemos visto gente transformada mediante el mensaje evangelizador que transmite cada canción”, manifiesta Pablo, quien a la edad de 22 años dejó su carrera de Administración de empresas en la Universidad Católica en Quito para viajar a Los Ángeles y vivir su sueño americano.
Otra historia que también denota perseverancia y éxito es la de Wills Cangá. Un guayaquileño nacido en la zona del Guasmo Sur, quien soñó con sobresalir en el campo de la actuación.
Para cumplir su meta se dirigió como migrante a España, donde vivió durante 11 años, y trabajó como actor y modelo.
A pesar de que tuvo que enfrentar grandes obstáculos en su vida para lograr ocupar roles en producciones internacionales, el hombre de piel negra y labios grandes tiene definido su objetivo: convertirse en el primer actor de origen ecuatoriano en trabajar en Hollywood. Hace dos meses se trasladó a Estados Unidos con el fin de lograr su meta.
Wills trabajó en la serie televisiva Bulevar 21 (la versión española de Betty la fea), donde interpretó a Robinho, un afamado jugador de fútbol brasilero.
También ha participado en otras producciones como Pelotas, una serie sobre historias de barrio y fútbol; en Barras y La familia Mata.
Además, su dominio del idioma inglés le ha permitido ser parte de la producción londinense Uncle Vanya, donde interpretó al Dr. Astrov, y ser modelo en el video Slow, de la artista australiana Kylie Minogue.
Otro filme que hizo fue Sing for Darfur, en el que el actor estadounidense George Clooney fue el director.
Wills ha hecho desde clásicos del teatro hasta personajes como el principal de la canción Alma de blues, del grupo español Presuntos Implicados.
El actor nacido el 6 de septiembre de 1977 viajó a España en 1998 con el objetivo de estudiar actuación. Aunque le resultó muy difícil acceder a esta profesión debido a la limitación de sus recursos económicos lo logró con el dinero que ganaba trabajando como modelo para marcas de ropa y perfumes.
“Llegué a España como cualquier emigrante. Con una maleta, a caminar y a buscar escuelas. Mis inicios fueron con mucha ilusión y determinación, pero no fue fácil”, cuenta.
El actor, que ha tenido varias experiencias como aprendiz, ahora dice sentirse muy fuerte en la interpretación, y es el momento para demostrarlo.
“Es creíble pensar que cada día tener que improvisar es parte de tu éxito personal. Y más aún si sabes tomarte ese éxito como parte de tí”, es una de las frases que expresa el actor de amplia sonrisa, en su blog personal, en el que describe -paso a paso- su rutina diaria, sus vivencias actorales, castings a los que asiste, y donde también expone su estado de ánimo e ilustra cada vivencia con fotos para que sus seguidores estén al tanto de sus movimientos.
En su página web
www.willscanga.com también se puede observar parte de los trabajos que ha realizado en cine y televisión.
Viviana Espinoza vive una historia similar a la de Wills. La machaleña de 37 años, con 10 años de residencia en España, se dedica a la actuación. Ha experimentado un gran avance en su carrera al haber trabajado con el director manchego Pedro Almodóvar.
La película Abrazos rotos fue el nexo entre Viviana y el reconocido director de cine. La actriz sostiene que todo fue casualidad. Relata que un día se metió a navegar en Internet -como de costumbre- y vio un anuncio en una página web en la que una agencia de talentos hacía una convocatoria de casting. Ella simplemente se presentó al llamado y expuso un monólogo de dos minutos.
“Nunca me imaginé que sería para trabajar con Almodóvar, solo me dijeron que la prueba era para el pequeño papel de una chica que laboraba como asistente doméstica en una casa”, comenta.
El papel que tomó cuatro días de rodaje dice haberle dado mucha satisfacción.
Desde niña le gustaba el mundo del cine y se formó en los talleres de actuación de Oswaldo Segura, en Guayaquil.
La actriz, que también tiene un trabajo complementario como ayudante de cocina en un restaurante para solventar su economía, participó en la telenovela Ángel o demonio, que se transmitió por Ecuavisa. En España realizó roles en las producciones Paella con ají, Hospital Central y Aída.
Allí están. Seis historias de gente soñadora que alcanzó sus sueños en otras tierras. En la actuación y en la música, artes en las que hasta ahora han dado pasos firmes y no piensan dejar de darlos.