La cantante mexicana y Guillermo Dávila repasaron sus éxitos en el Centro de Eventos .
Hubo un momento en que Lupita D’ Alessio no aguantó más y rompió en llanto frente a su público. Y es que la cantante mexicana vive con intensidad cada palabra de sus canciones cargadas de despecho. Lupita cierra sus ojos, gesticula, aprieta los puños, se da golpes de pecho, se toma de su vestido como si quisiera rasgárselo.
A la medianoche del sábado pasado, en el Centro de Convenciones Simón Bolívar, los estribillos: “...acaríciame/ y siente tan dentro de tu piel/envuelve en tu cuerpo por favor/ olvídate del tiempo y del ayer...” se escurrían de la garganta de aquella mujer que se muestra implacable al momento de criticar a cantantes como Gloria Trevi y Edith Márquez durante el reality El show de los sueños, en el que ella es uno de los jueces.
A esa hora y con esos vocablos de la canción Acaríciame fue una mujer vulnerable. Interrumpió su canto por varios segundos. Se tomó el rostro e inclinó su cabeza contra el micrófono, que estaba apoyado en un pedestal, mientras las 3 mil personas que acudieron a su recital la ovacionaban de pie.
Se calmó un poco y sin preámbulo cantó Qué ganas de no verte nunca más. No soportó más y en media canción abandonó el escenario. Su banda de apoyo no dejó de tocar.
A través de un pequeño espacio entre la tarima y la primera fila, se la podía ver sentada junto a la escalera. Allí bebió un sorbo de agua en una botella plástica y soltó un par de bocanadas al cigarrillo, que uno de sus asistentes le facilitó.
De inmediato se levantó y volvió al escenario. Aún tenía las mejillas húmedas por el llanto. Se las secó con una toalla blanca que yacía en una mesita, situada a un costado. La banda seguía tocando y el público (en su mayoría cuarentones) no cesaba de aplaudir.
Volvió renovada y avasalladora para cantar Ese hombre que tú ves ahí, una de sus clásicas baladas que al igual que otras se convirtió en pop bailable. A sus 54 años, Lupita también sabe reinventarse.
Sucedió también con Dime de parte de quién, canción con la que bailó, se agarró su vestido turquesa de encajes como si fuese una capa para torear. Y no solo eso, la cantante nacida el 10 de marzo en Tijuana, saltó con su brazo derecho levantado como si fuese un hincha de fútbol en las gradas del estadio.
Durante su concierto, que empezó a las diez y cuarenta de la noche del viernes, interpretó Mentiras (que también se convirtió en pop), Ni guerra, ni paz e Inocente pobre amiga (en la que señaló su cabeza al referirse que tiene cerebro cuando cantaba el estribillo “dile a esa que hoy te ama que para amarte nada más/ para eso a ella le falta lo que yo te tengo de más”).
A la una de la madrugada amagó con irse pero volvió con un popurrí en el que repasó Punto y coma, Lo siento mi amor y Ya no regreso contigo. Era el final de un show que empezó a las diez y media de la noche con la peruana Alicia Robertson y luego el venezolano Guillermo Dávila.
A sus 53 años, el artista caraqueño aún galantea con sus seguidoras, que subieron al escenario para abrazarlo, besarlo y tomarle fotos.
Dávila nunca se negó. Al contrario, lucía encantado por la aceptación que todavía conserva de sus fanáticas (muchas de ellas ahora treintonas). Incluso acostó a una de ellas sobre el escenario como si estuviese en la intimidad de su alcoba.
Su sencillez y carisma le permitían soltar bromas como “¿Está tu novio aquí?, ¿No dice nada si te doy un beso en la boca?, ¿y él está armado?”.
Con la canción Me siento vivo, el cantante venezolano apareció en el escenario muy formal, con saco y corbata, que fue despojándose durante el transcurso del concierto.
A ratos, el también actor de telenovelas tomaba la guitarra acústica que estaba frente al escenario para complementar sus canciones. Y en su repertorio no faltaron Por amarte tanto, Cuando se acaba el amor, Solo pienso en ti, Déjate amar o Barco a la deriva.
Bailó en melodías como Me fascina y Abréme la puerta con la que terminó su show, descamisado y rodeado de mujeres como si estuviera en una discoteca. Era el abreboca del histriónico recital de Lupita D’Alessio, uno que la llevó al llanto.