• 10 Jun 2013
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  • ¿Qué es el cambio de la matriz productiva?

    Mauricio León

    En los primeros seis años de la Revolución Ciudadana, 2007-2012, los sectores primario (agricultura, ganadería, silvicultura, pesca, petróleo y minas) y secundario (manufactura) perdieron, en promedio, participación en el PIB real respecto del periodo 2001-2006 (de 20,7% a 19,6% y de 14,1% a 13,5%, respectivamente), mientras que el sector terciario (electricidad y agua, construcción, transporte y comunicaciones, comercio, servicios) ganó participación (de 60,1% a 62,2%).

    Estos leves cambios en la estructura productiva estuvieron determinados principalmente por una mayor inversión pública que empujó la demanda doméstica, necesaria para cerrar las brechas de infraestructura económica y social, y por un deficiente desempeño de la producción petrolera y la refinación de derivados, antes que por una real transformación de la matriz productiva.

    Según la Cepal, en su libro Cambio estructural para la igualdad, el cambio estructural implica la transformación de la estructura productiva hacia sectores o actividades económicas con mayor crecimiento de la demanda tanto doméstica como externa (eficiencia keynesiana) y más dinámicas en el incremento de la productividad, en la difusión de conocimientos y capacidades a toda la economía, y en el avance de la tecnología y la innovación (eficiencia schumpeteriana). Así, en la primera etapa de Gobierno se enfatizó más en el impulso a la demanda doméstica. El desafío es vincular los dos tipos de eficiencia, de tal forma que se genere un círculo virtuoso de crecimiento de la productividad y el empleo (eficiencia dinámica).

    En la experiencia de desarrollo de Corea y Taiwán, de alrededor de 60 años, se observa cómo operó el cambio estructural en estos países. En las primeras décadas perdió participación relativa el sector agrícola, a pesar del aumento en su productividad, y ganó participación el sector manufacturero liviano intensivo en empleo. Esto no implica que el sector agrícola decreció, sino que el sector industrial creció más rápido que el primero, ganando participación en el total del PIB.

    En las décadas siguientes ganó participación la industria pesada y la petroquímica y en décadas más recientes las industrias intensivas en tecnología y conocimiento. Por lo tanto, el cambio de la matriz productiva no significa descuidar el sector agroexportador o agroindustrial y menos aún “destruirlo” como sugiere recientemente el artículo Nuestra economía el analista económico Walter Spurrier (http://www.eluniverso.com/opinion/2013/05/18/nota/935881/nuestra-economia). Es más, los sectores agroexportador, agroindustrial, petrolero y minero seguirán contribuyendo con divisas a la economía. Sin embargo, un auténtico cambio estructural requiere una creciente participación de los sectores intensivos en tecnología y conocimiento, el aumento de la productividad, la generación de empleo de calidad y el cuidado del medio ambiente.

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