Tomada de la edición impresa del 29 de diciembre del 2008

Trans masculinos quieren ser visibles

Dentro del grupo transgénero, las mujeres que adoptan posturas masculinas afirman ser más rechazadas por la comunidad. | FOTO: CARLOS POZO / El Telégrafo

FOTO: CARLOS POZO / El Telégrafo

Dentro del grupo transgénero, las mujeres que adoptan posturas masculinas afirman ser más rechazadas por la comunidad.

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 El proyecto transgénero funciona en Quito. Su teléfono es el 095036035. La sede está en Jerónimo Leiton 1180 y La Gasca.
 Amigos por la Vida es otra institución en la que atienden necesidades de los grupos GLBTI. Su teléfono en Guayaquil es el (04) 2 37 20 07.

Esta minoría busca que las mujeres que se identifican con el género opuesto, logren su integración.

Antecedentes


El artículo 67 de la Constitución reconoce la familia en sus diversos tipos. El Estado la protegerá como núcleo de la sociedad y garantizará condiciones que favorezcan integralmente la consecución de sus fines.


Según el Ministerio Público de Pichincha, durante 2007, la Fiscalía recibió 26 denuncias por casos de homofobia.



Desde hace 6 años cuando se inició el Proyecto transgénero (organización no gubernamental que trabaja con esa minoría), explica su directora, Elizabeth Vásquez, “se tuvo siempre la inquietud de ser una entidad de diálogo intercultural que visibilice no solo una forma de ser de los trans; sino todas las identidades que hay en este colectivo”.

Es por eso que ahora ha comenzado un proceso de visibilización de un grupo que dentro de la minoría sexual de los trans se ha mantenido al margen de cualquier reivindicación: ellos son los transmasculinos.

Un transgénero masculino es una persona que habiendo nacido con una anatomía femenina, adopta un género, un comportamiento, una identidad social masculina. 

Elizabeth Vásquez comenta que para la sociedad ecuatoriana que asume que vive en un país heterosexual y patriarcal, “es decir heteropatriarcal”, es fácil caer en los estereotipos de lo masculino y femenino.

Pero en el grupo trans, afirma, el machismo funciona a la inversa: mientras en el mundo heterosexual los hombres priman sobre las mujeres; en el trans, las trans femeninas priman sobre los trans masculinos.

Ella acota que el imaginario público que se tiene del tema trans se relaciona más a los hombres que se convierten en féminas. Por eso la directora del proyecto transgénero explica que han tenido que pasar seis años para que los primeros trans masculinos se acerquen al programa para iniciar el trabajo de reivindicación. “Ha transcurrido todo ese tiempo para que recién exista un espacio para lo trans masculino”. 

La activista afirma que en provincias como Manabí han conocido esos casos de invisibilidad.  “Lo que pasa es que la problemática de los trans masculinos es oculta, pero es cotidiana y real en la sociedad ecuatoriana”.

Nael Condell, un chileno transmasculino de 22 años de edad que reside en Quito desde hace 6 meses y trabaja como barman, afirma que al ser Ecuador un país machista opaca a los trans masculinos porque no se considera la posibilidad de que una mujer quiera ser hombre o pretenda serlo. Lo que conoce de la situación aquí, según Nael, es que los trans masculinos que existen son considerados lesbianas muy masculinizadas “ya que no llegan al nivel de lo que es la hormonización, operaciones y una identidad masculina”.

Para Nael un trans de estas características puede pasar desapercibido en su cotidianidad laboral, mientras no muestre sus papeles de identificación. Y considera que por eso no puede acceder a un trabajo con contrato que le garantice estabilidad laboral y todos los beneficios de ley.

Coli Fernández, un  transgénero masculino de 36 años, trabaja en la actualidad como portero de una institución educativa. Él recuerda que su vida laboral comenzó a temprana edad realizando trabajos de carpintería, cerrajería, pintura y albañilería, considerados exclusivos para hombres.

Sin embargo, en muchos de ellos tuvo problemas debido a que su fuerza física no era igual a la del resto de sus compañeros. Con una sonrisa recuerda que en alguna ocasión lo consideraron gay por su fuerza. “Mientras todos cargaban el resma de papel (500 pliegos), yo apenas podía con la mitad”.  Por eso y por su voz “decían que era delicado, afeminado y decían que era homosexual”. Nunca se les ocurrió pensar que nació como una mujer, pero que siempre deseó ser identificado como hombre y que ahí se encontraba la razón de sus características.

Fernández cuenta que en sus trabajos mientras lo consideraban un hombre, con cuerpo de hombre, no tenía problema alguno; pero cuando se enteraban que “no tenía pene”, comenzaban los problemas y, finalmente, era despedido.

“Cuando me piden papeles digo que perdí la cédula para que no se enteren de que tengo identificación femenina”, dice.

En ese sentido, Vásquez señala que los crímenes de odio, relacionados con los trans, que se dan a conocer a través de los medios de comunicación son los que ocurren contra las trans femeninas (hombres que se convierten en mujer). Mientras que los trans masculinos -descubiertos que son hembras de origen- son violados, asesinados y golpeados, pero todo esos hechos ocurren en el mundo privado.

Para que eso no siga ocurriendo la Casa Trans busca que esta opción de vida sea más visible y aceptada. Andrea y Mercedes Macías -una pareja con el mismo apellido aunque no son familiares-, oriundas de Jaramijó, explican que una amiga les habló sobre el tema de lo trans masculino. Andrea ahora considera que su pareja, Mercedes, podría encajar en esto ya que “siempre oculta que es mujer, esconde sus senos, se viste y actúa como hombre. Se siente hombre”.

Es por eso que se han acercado al Proyecto Transgénero para conocer un poco más sobre este tema “y saber de una vez qué es lo que a ella (refiriéndose a su pareja), le sucede”.

Mercedes asiente con la cabeza, pero no dice nada más allá de que si su familia la aceptó, no le interesa nada más.
Lucía Real Hidalgo
lreal@telegrafo.com.ec
Reportera - Quito