Consumirlos en exceso genera problemas cardíacos y puede ocasionar otros inconvenientes a la salud.
Durante los últimos años se ha popularizado entre la juventud el consumo de las bebidas energizantes. Unos las usan para aumentar su potencial en el deporte, otros para soportar largas horas de estudio antes de un examen, algunos incluso lo mezclan con alcohol en fiestas o discotecas. Pero el problema se da cuando ese uso se vuelve indiscriminado.
Abdón, por ejemplo, llegó en algún momento a tomar diariamente trece latas de estimulantes. “Empecé cuando tenía 17 años, luego entré a la universidad y luego al trabajo, mezclaba las bebidas con gaseosas para lograr un efecto más duradero”, cuenta el joven guayaquileño, quien ahora padece de hipertensión a sus 22 años.
Indica que al consumir estos productos podía trabajar y estudiar sin cansarse; “pero ya lo dejé, el médico me lo prohibió, aunque fue muy difícil”.
Julia, en cambio, tiene 25 años y cuando sale a divertirse, los viernes o sábados por la noche, suele ingerir energizantes con whisky o vodka. “Es una sensación que no puedo explicar, te sientes bien y no paras de bailar en toda la noche, disfrutas más”, narra.
Domingo Paredes, secretario ejecutivo del Consejo Nacional de Control de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas (Consep), explica que “el consumo de energizantes, al igual que la cerveza o cualquier otro licor, es el primer peldaño para ir desarrollando las adicciones en una persona, pero depende de factores objetivos y subjetivos”.
Es decir, que las bebidas energéticas pueden incentivar al uso posterior de otras sustancias estupefacientes, si es que un individuo se encuentra en una situación susceptible.
“Mezclaba las bebidas (energizantes) con gaseosas para lograr un efecto más duradero”
El funcionario del Consep aclara que la dependencia es una enfermedad que se produce por las situaciones personales de cada individuo. Aun así añade que en las grandes ciudades se expenden a adolescentes y niños estas bebidas y, para él, la cantidad de cafeína de estos productos produce en esos individuos “un escape de la realidad”.
Asegura que en centros de diversión nocturna los adolescentes toman “seis envases de estas bebidas, que es como tomar 30 ó 40 tazas de café con sus respectivas consecuencias en el sistema nervioso, ese tipo de consumo se va convirtiendo paulatinamente en adicción”.
Paredes también aclara que si se es deportista o atleta y “se está ejercitando y toma un energizante entonces eso es bueno porque le permite recuperarse, pero si se está en una actividad pasiva, estudiando o escuchando música en un bar, el consumo excesivo provoca reacciones, altera la conducta, provoca euforia”.
Pero las empresas que comercializan energizantes defienden su producto. Por ejemplo, la marca Red Bull, mediante un correo electrónico, indica que la bebida es saludable “porque se vende en 143 países donde las autoridades sanitarias han permitido su expendio”.
Sobre la posibilidad de que la bebida sea adictiva, Red Bull rechaza esta versión. El comunicado indica que el producto “no es adictivo porque no tiene sustancias adictivas. La taurina y la glucuronolactona (ingredientes del producto) son constituyentes naturales del cuerpo humano y presentes también en otros productos alimenticios”. De la cafeína, agrega que no hay estudios científicos que demuestren la cualidad adictiva de esta sustancia que “también está presente en el café, té y chocolate”.
Asimismo, la empresa asegura que el producto no es recomendado para personas sensibles a la cafeína, a mujeres embarazadas y a los niños. También indica que la bebida se debe ingerir cuando la persona sienta que tenga bajas las energías.
Pese a esta versión, hace dos semanas científicos australianos concluyeron que tomar una lata de la bebida energética Red Bull aumenta el riesgo de sufrir un infarto, incluso entre la población más joven.
De acuerdo con el informe del estudio de investigación cardiovascular del hospital de Adelaida, la bebida espesa la sangre, haciéndola más propensa a los coágulos que causan la mayoría de problemas del corazón.
Freddy Olvera, profesor de Cardiología en la Facultad de Medicina de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil (UCSG), coincide con el estudio australiano. “Al ingerir estas bebidas aumenta el metabolismo, la respuesta neuro-hormonal aumenta en un 50% el trabajo normal de las células”, explica el galeno.
Esta actividad, según describe, aumenta el trabajo de los órganos, incluido el corazón y el cerebro. “Si hay una dolencia previa se podría ocasionar una injuria al músculo cardíaco o un paro”.
El cardiólogo dice que los jóvenes están expuestos a sufrir estos males porque se incrementa la frecuencia cardíaca, “se agotan las reservas del corazón y el cerebro, se produce fatiga”.
El doctor, además, señala que este riesgo aumenta considerablemente cuando el energizante se combina con alcohol. “Si un paciente tiene de fondo una lesión cardíaca, incluso se podría llegar a la muerte”.
Para Olvera, estos productos no se deberían promocionar entre los jóvenes y cree que son adictivos “porque la gente se siente bien”.
El médico señala que en el país no hay un control adecuado de los componentes químicos. Opina que es necesario que se haga un estudio para demostrar los efectos de los energizantes y, a partir de esto, alertar a la población.
Sobre si es o no adictivo, Jorge Luis Escobar, presidente de la Asociación Ecuatoriana de Sicología, explica que todo es adictivo: pastillas, juegos, sexo o compras.
“El ser humano tiene la característica de poder adherirse a algo por el placer, el energizante es un aditamento, por lo que no debemos ser prejuiciosos”, sostiene.
Afirma que lo que previene la adicción es la conciencia y la información. “Si yo tengo baja autoestima o poco afecto, desarrollaré una adicción para suplir los vacíos”, dice.
También aclara que se debe aumentar los controles en la publicidad y en la venta.