Niños violados abandonan tratamiento psicológico
Cuando finaliza el juicio, las víctimas dejan de asistir a las terapias que sirven para superar el trauma
Antecedentes
El 17 de julio de 2007, en CEPAM (Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer) Guayaquil, se utiliza por primera vez la Cámara Gessel (sistema de entrevista única), para receptar el testimonio de un niño de 5 años, víctima de una violación sexual.
El trámite legal que genera una denuncia por violación sexual a un niño, termina cuando el juez emite la sentencia. Pero las consecuencias psicológicas que este acto genera en la víctima no desaparecen con facilidad.
Mientras la representante del niño emite la denuncia, la víctima es remitida a un centro para una evaluación psicológica. “Nunca permitimos que el niño testifique sin que antes esté preparado para hablar”, dice Yanina Villagómez, coordinadora de los despachos de delitos sexuales del Ministerio Público del Guayas.
La abogada revela que las víctimas son enviadas al CEPAM (Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer) y al INFA (Instituto de la Niñez y la Familia) para que se sometan a la evaluación psicológica previa a la testificación.
Es la psicóloga quien determina cuándo el niño está listo para declarar. Pero luego que testifica frente a la fiscal, el Ministerio se encarga únicamente del procedimiento legal.
El tratamiento psicológico que reciba el niño más adelante, dependerá del interés de él o de su representante de seguir acudiendo a las terapias, ya que el Ministerio no realiza un seguimiento a las víctimas.
La Fundación Voces del Silencio, además del asesoramiento legal, también brinda apoyo psicológico a las víctimas de violencia sexual.
Cuando el niño acude por primera vez, luego de la violación, permanece en un proceso de adaptación donde realiza actividades de su interés, como jugar. Después, tras ganar su confianza, la voluntaria le realiza la entrevista.
Vilma Torres, presidenta de la fundación, explica que allí se brinda apoyo indefinido. “Luego de que concluye el proceso legal, pueden acudir el tiempo que deseen, el problema es que no hay constancia y ellos abandonan las terapias”.
Para la psicóloga Zoraya Bohórquez es indispensable que la víctima se someta a una terapia psicológica. El tiempo de esta dependerá de cada caso. “Siempre recomiendo a mis pacientes que terminan el tratamiento que si en cualquier momento ven la necesidad de una intervención, la soliciten”, expresa.
Pero de los seis casos, de violación sexual de niños que recibe mensualmente esta fundación, solo dos de ellos continúan asistiendo luego de que el trámite legal acaba.
Patricio Parra, de la Fundación Kairos, recalca que ese es el principal problema que ellos enfrentan. “Aquí las terapias son gratuitas, el único costo es el de asistir, pero la gente no colabora con eso”, expresa.
Para Parra, un caso de violación sexual no se cierra cuando la víctima lo abandona, sino que solo se suspende hasta que el niño lo retome, ya que no puede quedar inconcluso.
Con el fin de incentivar a las víctimas a que soliciten ayuda, el CEPAM, además de recibir a los afectados, constantemente dicta charlas en áreas marginales para que las personas pierdan el temor de hablar.
La organización, a manera de capacitaciones, busca prevenir que ocurra la violencia sexual dentro de las familias.
Y para la atención de las víctimas que acuden con sus representantes, el CEPAM brinda una atención integral.
Anabella Arévalo, coordinadora de los Centros Integrales de Atención de CEPAM, explica que el apoyo psicológico que recibe el niño es para minimizar los efectos del trauma.
Al mismo tiempo que él recibe esta ayuda, una orientadora familiar y trabajadora social trata con la familia.
De la misma manera, el INFA maneja estos casos con un equipo conformado por abogados, psicólogos y trabajadores sociales.
Estos últimos, además de ayudar a los familiares de la víctima luego de ocurrido el incidente, realizan seguimientos.
El director regional del INFA, Gary Vera, indica que la organización intenta “no perder de vista” ni a las víctimas ni a sus familiares. “La idea es que nos mantengamos vinculados al niño y al caso para poderlo seguir atendiendo; puede durar hasta dos años, dependiendo cómo se manifieste su evolución en la superación del problema”, recalca.
Él explica que el proceso terapéutico se realiza para mejorar la situación social del niño, y a recuperar la afectividad y autoestima que pierden en este tipo de abusos. De lo contrario -dice Vera- es muy complicado que la víctima se recupere del hecho.
Desconcentrar para prevenir
En Galápagos, en octubre de 2003 los esposos Jorge Burdet y Mariana Cedeño fueron acusados de utilizar niñas para violarlas, cometer diferentes delitos sexuales y filmar videos pornográficos. A raíz de este abuso, el INFA (Instituto de la Niñez y la Familia) envió un equipo para que se asiente en las islas. El grupo de voluntarios, desde esa fecha hasta la actualidad, se dedica a promover la prevención de violencia familiar, donde están incluidas las violaciones sexuales. Las campañas y talleres se dictan en escuelas y colegios con el fin de que los niños conozcan sobre los problemas sociales que se puedan presentar en su entorno. Este proceso también es aplicado en Guayaquil. Pero Gary Vera, director regional del INFA, indica que la institución busca desconcentrarse y trabajar más extendidamente. En la actualidad, el Empalme cuenta con un equipo integral de psicólogos, trabajadores sociales y educadoras. El mismo equipo se estima implementar en Milagro y Salitre. El objetivo -dice el director- es evitar que ocurran casos como el de Galápagos para recién tratar el tema, sino que lo que se pretende es trabajar con la prevención.
Isabela Ponce
iponce@telegrafo.com.ec
Periodista - Guayaquil